Anastasia.
W. H. Publishing no es exactamente la gran empresa, pero tampoco es pequeña. Es adecuada... para mí, al menos.
Me he sentido útil, definitivamente, estoy en mi elemento.
Soy la ayudante del editor, Jack Hyde. El señor Hyde es un tipo alto, con melena larga y en él mechones de color grisáceo, ojos negros, extrañamente en forma, y muy amable. Desde el primer momento se mostró amigable conmigo. Mucha formalidad en el trabajo pero en las horas de descanso le gusta conversar animadamente con todos.
Para ser el primer jefe que tengo, me agrada.
—Ana, ¿Podrías revisar el documento que envíe a tu correo? Algo no me convence y me vendría bien una opinión distinta— Jack pide mientras se acerca a mi escritorio.
Abro el correo en la computadora y leo detenidamente cada palabra.
—¿Puedo modificarlo? — Pregunto insegura.
—Por supuesto, Ana. Tienes toda la libertad de hacerlo— Sonríe, y las arrugas alrededor de sus ojos se hacen visibles—Envíalo cuando termines con él.
Regresa de nuevo a su oficina. Yo continúo con los dedos sobre el teclado presionándolos rápidamente. Me entusiasma esto. En un santiamén modifico el documento y lo envío a su correo. Continuo revisando la correspondencia que va dirigida a él, en quince minutos termina mi turno, es viernes, y revisar su correspondencia es usualmente lo último que hago antes de irme a casa con Christian.
Fugazmente mi atención se desvía de los correos y se centra en Christian. Sonrío. ¿Habrá regresado a casa, ya? Hoy no he recibido ningún mensaje, correo o llamada de él y eso me preocupa. La última vez que no respondió a mis textos fue cuando tuvo ese horrendo accidente. Palidezco. Debería llamarlo.
Busco en mi bolso el celular y lo reviso. Nada. Sigo sin tener ni una llamada de él. Marco su número telefónico. Suena una vez: Vamos Christian, responde. El segundo timbre: Por favor, por favor, responde.
—Hola.
Escuchar su sensual voz apacigua mi preocupación.
—Hola— Suspiro, aliviada—Estaba preocupada por ti.
—¿Por qué? —Responde admirado.
—Dado que desde mi primer día de trabajo me hablabas cada tres horas...—Suelta una risita—... y hoy no he recibido nada de ti en toda mi jornada laboral, me preocupé.
—Oh, nena, lo siento tanto.
—¿Vendrás por mí? —Pregunto esperanzada.
—No creo que pueda— La desilusión nubla mi mente —Me iré de aquí a las diez.
—Está bien, ten cuidado.
Mi voz no puede sonar más melancólica de lo que ya está.
—Te amo— Susurra con timidez.
Mi cuerpo se agita por sus palabras.
—Te amo también— Suelta un gran suspiro y cuelga.
Guardo el celular y vuelvo la vista al ordenador. Mierda. Jack está de brazos cruzados frente al escritorio con una sonrisa de complicidad en todo su rostro.
—Señor... yo... lo siento mucho— Tartamudeo.
Mierda. Mi primera semana y me han cachado hablando por teléfono en horas laborales. Me siento en grandes problemas como en la escuela católica cuando me oponía a rezar.
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Yo te amaré
FanfictionAnastasia Steele deberá tomar una decisión acerca de lo que quiere y lo que le conviene con tal de proteger a las personas que ama.
