Eleven

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Se había metido en la boca del lobo.

¿Cómo se había animado a aceptar el plan de Taehyung? ¿Cómo podía fingir que era su novio mientras sus sentimientos por él no distaban de esa farsa en que su mejor amigo lo había metido? Jungkook se sentía un poco enojado, pero no con Tae ni con la mentira a la que lo había arrastrado. Se sentía enojado consigo mismo por haber sentido mínimas esperanzas hace dos noches cuando su mejor amigo le había pedido que fuese su novio.

Fue un idiota y se sintió muy ridículo por haber tenido el fugaz pensamiento de que Taehyung hubiese dicho aquellas palabras de manera genuina. Así que cuando le explicó que solamente era parte de una idea que Jimin le había metido a la cabeza, Jungkook quiso enterrar su propia cabeza en la tierra como si fuera un jodido avestruz y quedarse unos cien años oculto, como mínimo.

Fue inevitable sentirse decepcionado, su corazón apachurrándose un poquito más. Entonces Taehyung le estaba pidiendo aquel cuestionable favor con ojos de cachorro, y a pesar de que en su interior sabía que estar de acuerdo le iba a perjudicar por los sentimientos que confusamente resguardaba por él, terminó aceptando. Todo por ayudar a Taehyung, ¿para qué eran los mejores amigos sino se apoyaban hasta en las situaciones más locas?

Si una parte muy profunda de sí mismo fue otro factor para animarlo a aceptar al, de alguna forma, poder tener de Taehyung aquello que por tanto tiempo anheló, nadie tenía que saberlo. Solo esperaba no empeorar la confusión de su corazón.

En cuanto su profesor terminó su clase de Fisiología, empezó a guardar apresuradamente sus cosas en su mochila.

—Hey, Kook. —Seokjin llamó desde unas mesas atrás. La mayor parte de la hora el omega había estado demasiado distraído que había olvidado que compartía esa clase con el mayor—. ¿Tienes otra clase? Quiero ir a la cafetería.

—Ah, hyung —saludó, colgando su mochila en el hombro mientras los demás estudiantes iban despejando el aula—. Seguro, vamos.

—¿Todo bien? —cuestionó el beta cuando empezaron a caminar por los pasillos—. ¿También te sentiste estresado por el proyecto que nos dejó el profesor?

Jungkook levantó las cejas, ahogándose un quejido.

—¿Dejó un proyecto?

Seokjin soltó una risita.

—Entonces si estabas tan distraído como te mirabas. Si, dejó uno bastante pesado para la siguiente semana. Igual no te preocupes, te explico en la cafetería. Conociéndote, lo captas rápido, será pan comido para el estudiante destacado de la clase.

—Eres exagerado —murmuró Jungkook. Ambos cruzaron las puertas de la enorme cafetería, su ceño se frunció cuando reconoció a Jimin frente a una máquina de bebidas.

—Soy realista, Jungkookie. De hecho, siempre eres el mejor en todas tus clases, y eso que no compartimos tantas, pero es de conocimiento público. Oh, allá está Nam esperándonos.

El omega miró cómo Jimin pateó la maquina mientras parecía exclamar quien sabe qué blasfemias.

—Si. Nam. Adelántate, iré con ustedes en un momento —le dijo Jungkook mientras se alejaba para acercarse al rubio.

—¡Dame mi maldita soda!

Jungkook cruzó los brazos y espectó con diversión la escenita del alfa.

—Maldita maquina ratera.

—¿Te diviertes?

Jimin se sobresaltó por la repentina voz de Jungkook.

—Joder, Jeon —exclamó Jimin llevando una mano a su pecho—. Avisa; carraspea tantito, tose, estornuda, yo qué sé. No aparezcas así como así. Asustas.

Deliverance ❧KookTae❧Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora