Twenty One

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Iba a perder la cabeza.

Taehyung iba a hacer que se volviera completamente loco. Era todo en lo que Jungkook podía pensar mientras caminaba hacia la sala de estar, se dejó caer en el sofá y enterró su rostro en sus manos para después tomar fuertes respiraciones en un intento de controlar su cuerpo, aquel que había reaccionado ante las feromonas excitadas de su mejor amigo, aquellas que habían provocado una jodida e inevitable erección.

¿En qué estaba pensando Taehyung para hacerle algo cómo aquello? Ellos nunca habían estado juntos en sus celos, tal vez solo cuando estos iniciaban y se encontraban en lugares públicos, requiriendo ayuda para llegar a casa, pero nunca habían estado en el mismo lugar mientras en su progreso, pues ¿por qué dos omegas iban a estar juntos durante un celo?

Por supuesto, esta ocasión era diferente y preocupante. Notó la sinceridad en las palabras de Taehyung, parecía realmente genuina su confusión por su estado que, si bien para Jungkook lucía y olía como un celo usual, para su mejor amigo no se sentía exactamente como uno cualquiera, cierto destello en su mirada demostraba que se sentía demasiado perdido que preocupaba a Jungkook, y era la única razón por la que no escapó de ahí. Por mucho que se sintiera afectado por el proceso que estaba llevando a cabo el mayor, tal rareza en su estado parecía necesitar que Jungkook lo cuidara.

Y al final de todo, no podía borrar de su mente la imagen de Taehyung cuando llegó. Su mirada desenfocada y desesperada, su dulce y penetrante aroma invadiendo toda la habitación, su figura delicada en solo un par de prendas. Agregando, además, el hecho que Jungkook apenas podía pensar en otra cosa que no fuera en la sensación de sus labios ahora que finalmente los había probado después de tanto tiempo anhelándolos.

—Joder —espetó levantándose y caminando hacia la cocina. Abrió el grifo y tomó un poco de agua entre sus manos para salpicarla en su rostro. Al terminar, apoyó sus manos en la barra de granito e intentó calmarse.

Apenas funcionó. Su mente seguía volviendo una y otra vez a Taehyung, quien en esos instantes probablemente intentaba buscar alivio.

Maldita sea. Ese lugar era pura tortura para él sabiendo lo que podría estar ocurriendo dentro de aquella habitación. Sopesó tomar alguna cerveza o un trago para intentar distraerse, pero lo descartó de inmediato. Aún no sabían qué era lo que tenía a Tae para sentirse extraño, por lo que lo necesitaba en sus cinco sentidos.

Pero sus cinco sentidos solo podían pensar en él.

Un escalofrió recorrió su piel de forma extraña justo antes de sentir que Taehyung soltaba un quejido. Sonaba como un quejido doloroso pero tal vez su propio estado nervioso lo había tomado como uno alarmante. Sin embargo, no respondía a la razón por la que Jungkook se sintió repentinamente inquieto, necesitando revisar si Taehyung estaba bien, si quería algo que Jungkook pudiera brindarle. Probablemente su estado empeoró y podía necesitar que lo llevara al hospital. Así que, con una respiración profunda, se encaminó de vuelta a la habitación.

Cuando tomó la perilla volvió a escuchar el mismo quejido lastimero. Jungkook abrió de inmediato la puerta.

—Tae... —su voz se cortó en cuanto sus ojos cayeron en la cama. Su corazón dio un vuelco y sintió que se estremecía el doble.

Puta. Mierda.

Taehyung se hallaba de rodillas entre las almohadas, únicamente con su camisa blanca abierta que ahora se había deslizado por sus hombros, una de sus manos estaba estirada sobre la cabecera como soporte y la otra estaba perdida detrás de él, bajo la camisa. Cuando Tae giró su rostro, su mirada se mostró profundamente desenfocada, perdida, anhelante, pero con un toque de frustración.

Deliverance ❧KookTae❧Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora