15 Una noche de baile

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Daban las nueve de la noche y Tom junto con Lucy y Sergio estaban preparados para salir del Senado, rumbo al table dance, el lugar que representaba la primera parada de los nuevos planes que habían cambiado una noche anterior. Tom vestía un saco negro, corbata, camisa color tinto, pantalón negro y zapatos negros. El joven apuesto y de gala, salió a un pasillo donde estaba la bella mujer, Isabela. Detrás de él, estaba Lucy, con un vestido un poco corto, y con grandes tacones, creando la atmosfera que quería trabajar en aquel club nocturno, y por ultimo salía Sergio, que al igual que Tom, salía con ropa formal.

—Quien te viera—decía Mary con su vestimenta que daba conocer que pertenecía al Senado—Y eso que vas a un centro nocturno.

—Imagínate si fuera a una cita—Tom volteaba a ver a Isabela.

—Te recuerdo que tenemos una cita pendiente—hizo saber la bella mujer con una sonrisa encantadora.

—Cuando regrese de esta misión, tu y yo iremos a comer algo—prometió Tom, que se acercaba sigilosamente a la mujer que no retrocedía—Ahí tal vez lleve algo más...—Tom puso su dedo índice en el cuello de Isabela—Más elegante.

Isabela agarró el dedo de Tom, y jaló al joven hacía ella.

—Y yo algo más fácil de quitar—le dijo a Tom al oído.

—Con lo que tengas puesto, yo hago que se quite lo más rápido posible—le respondió a Isabela en el oído.

Mary aplaudió al ver la escena que Tom e Isabela estaban presentando y a la vez presumiendo, tomando en cuenta, que ella estaba lejos de su novio, Sergio estaba igual que Mary, lejos de su mujer, y Lucy que no se preocupaba para nada ya que no tenía novio.

Tom e Isabela se separaron y comenzaron a caminar por el pasillo rumbo al cuarto de armas, donde llevarían a Sergio a elegir un arma en el caso que hubiera peligro, la cual ir a esos lugares siempre se presentaba el peligro, pero no los que ellos querían.

Al llegar al cuarto, Sergio pudo ver todos los artefactos de guerra que estaban colgados en la pared, las armas regadas en una mesa redonda, las armas que estaban en varias vitrinas, y lo que le llamó más la atención, las armas que estaban al fondo, arriba de un vidrio que tenía tela roja alrededor. Sergio estaba curioso y prestó más atención a esas armas que brillaban ante la luz del foco que las iluminaba. Esas armas eran de la medida de una regla, delgadas, y de diferentes formas, era como el arma que Tom poseía.

—Veras, aquí tendrás a la mano demasiadas armas, desde una simple navaja—Isabela levantaba una de color morado—Hasta una bazuca—Isabela apuntó hacia una pared, donde estaban esas tremendas armas—Pero, las más importantes son esas—Isabela caminó hacia aquella mesa de cristal, donde estaban las armas que Sergio no les quitaba la vista—Estas armas, las puedes llamar como quieras, pero son especiales ya que tienen diferentes formas.

—De Draco circa dentes meos—continuó Tom, que se colocaba al otro extremo de aquella mesa—Estas armas provienen de un dragón, según la leyenda. Además, se adapta a tus gustos—Tom tomaba una—Si realmente mereces poseer una de estas, un diente va a nacer de la tierra, se va a consumir en fuego y después se recuperará en forma de plata. Una vez que tomes el arma, ésta te va a cortar para extraer un poco de tu sangre, de tu ADN, y en ese momento, tu arma va a estar conectada contigo, con tus pensamientos, con tus sentimientos—explicaba Tom, que inmediatamente sacaba su arma mientras dejaba la otra—Y una vez contactados, el arma va a tomar la forma del algo que te gusta o simplemente de algo que te haga comunicarte.

—Y tú el ADN, porque te gusta la ciencia y la estudias.

—Fíjate que, no sé cómo mi arma tomó la forma de ADN. En el momento que la toqué por primera vez, quería que fuera un animal o una parte de mi animal favorito—explicaba Tom, mientras hacía que su arma se agrandara un poco más de lo que ya estaba—Por ejemplo, un ala de un búho, sería interesante.

OscuridadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora