Capítulo 21

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— Por favor piensa bien las cosas, ya sabes que-

— Estoy cansada de que todos traten de advertirme sobre cosas que no sé y traten de cuidarme al dejarme fuera de todo esperando que cumpla sus órdenes sin preguntar, ¿qué tan estúpida soy ante los ojos de los demás?

Anastasia interrumpió la charla de Lucien, no la necesitaba, ya sabía lo que iba a decir. Ella misma se encargaría de Erick, no necesitaba de otra persona tratando de decirle qué hacer.

— Gracias por darme asilo durante la noche. — Miró a través de la ventana del auto, estaba realmente cansada.

Lucien tragó en seco.

— ¿Qué vas a hacer con la información que recibiste?

— Todavía no sabemos el motivo por el que recibiría esas cantidades absurdas de dinero. Voy a quedar estúpidamente mal si manejo mi carta de triunfo de manera descuidada.

A Lucien pareció no agradarle lo que escuchó. — Yo creo que deberías darte prisa antes de que Edith borre todos sus rastros y nos acusen de fabricar las evidencias.

— ¿Por qué lo dices?

— Mis subordinados han encontrado algo más...

Lucien inhala hondo antes de hacerle una confesión, el secreto mejor guardado que tanto le costó conseguir, la misma confesión que haría mover los pies de Anastasia hacia Donaire en el lugar en que estaba trabajando.

Sus pensamientos eran difusos, como si caminara sobre el aire no tenía sensación del suelo bajo sus pies, con el pulso acelerado y un latir desbocado el corazón estaba a punto de salírsele por la boca.

Cuando ve a Edith apareciendo al final del pasillo su mente se hace más clara y nítida, camina más rápido y se dirige hacia ella, quien con una sonrisa extrañada se detendría por las apariencias, siempre por las apariencias.

— ¡Ana, querida!

Sin aguardar más le dirigió una tremenda bofetada que la desestabilizó, un golpe terrible, la cara de Edith se humedeció en sangre chorreando desde su nariz. La mano extendida de Anastasia ardía, pero no sentía culpa, mucho menos arrepentimiento.

— ¡¿Pero qué demonios pasa contigo, Anastasia?! — Los verdaderos colores salen de Edith cuando ve la sangre brotando desde su nariz, también se mordió el labio con dureza y terminó magullándolo, deja salir un quejido doloroso.

— Nunca... Tú nunca estuviste embarazada. — Habló con firmeza. — ¿No es cierto, Edith? Todo lo que hiciste fue un mero show de marionetas que organizaste ¿Verdad?

Ahora todo cobraba sentido.

El doctor que trataba a Edith recibía grandes cantidades de dinero para mantener su falso embarazo, sin embargo, por supuesto que recibir cantidades colosales al mes levantaría sospechas, así que para borrar sus rastros y ocultar evidencias hizo múltiples pagos más pequeños desde diferentes cuentas bancarias a nombre de pequeños negocios -que cayeron en bancarrota y solamente eran galpones vacíos-, daría la impresión de que el doctor los administraba, es decir, solo se trataba de una fachada.

— Realmente cuidaron bien sus movimientos. Pero tú ni siquiera puedes tener hijos.

Porque si las posibilidades de que Ana concibiera un niño eran de una en un millón las de Edith no equivalían ni siquiera a un tercio de esa cantidad.

El doctor no era el único que recibía pagos de Edith, sino que también habían pagos realizados a una clínica de fertilidad en el extranjero, pagos realizados a nombre de ''Eunice'' El apodo que usaba.

Esposa del CEO 2Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora