30. Un nuevo comienzo

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Narrador omnisciente:


- ¿Puedes creerlo, Luna? Se piensa que soy un juguete, que puede tomarme o soltarme cuando él quiere. Estoy tan indignada - caminaba de un lado al otro Hermione en la inmensidad del patio, bañado con un tinte de soledad, ya que eran muy tempranas horas.

- Son inentendibles, aprovechadores seriales - Luna, sentada frente a ella, mordió su labio inferior con bronca.

- No te puedes imaginar con la cara que me dijo todo, ¡como si no hubiera pasado nada! - se detuvo alterada. Luna acompañaba su indignación, adhiriendo a todo punto:

- Totalmente, Mione. No hay que dejar que amedrenten. Lo que me sorprendió fue tu resistencia, sin saberlo hubiera dicho que caíste desmayada en sus brazos - levantó una ceja. La Granger se acercó.

- ¡Pues claro! - espetó. - No voy a irme con él, al menos no así de fácil. Se la complicaré -.

- ¿Me vas a decir que ahora no estás ilusionada? - rio vergonzosamente la rubia.

- ... - se encogió de hombros.

- Se te nota, Mione. Nunca has estado tan cerca de estar con Harry, pero ahora que lo estás tienes miedo. Lo entiendo perfectamente - acarició suavemente y con una sonrisa el cabello de su amiga.

- No es miedo, Luna. Yo aún no olvido con qué desdichada pasión besó a Parvati frente a mis ojos, jamás lo haré - se sonrojó.

- Lo que digas, amiga. En lo que coincido plenamente, reitero, es en no caer así como así en sus brazos. Que luche por ti, que ya bastante te ha hecho sufrir desde todos los frentes -. En eso, Hermione se mostró en un grado de orgullo nunca antes visto; era, nada más y nada menos, la chica codiciada por sus dos mejores amigos. Se irguió en su propia vanidad y, sacando pecho, decidió pararse firme frente a aquellos dos. 


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Por otro lado, de un ánimo totalmente diferente a la Granger, Harry Potter se reunió nuevamente aquella mañana con Cedric Diggory. El pelinegro se lamentaba, sentado al lado del chico mayor, quien buscaba toda herramienta para alentar a su ya amigo y, de alguna manera, su discípulo. 

- No puedo sacar de mi cabeza su cara hostil para conmigo. Fue una acuchillada en medio de mi corazón - señaló su órgano el Potter, evidentemente consentido. - A lo mejor, ella no me quiere... - se lamentó con la cabeza gacha.

- Harry, por favor - suspiró el otro. - ¿Quién dijo que iba a ser fácil? Hermione es una chica linda..., muy linda - se paralizó el otro por unos segundos. Harry lo miró despectivamente.

- Eh... - chasqueó sus dedos el pelinegro. - No olvides que hablas de mi enamorada... - lo hizo entrar en razón y salir de su perplejidad.

- Sí, lo sé - rio nervioso. - A lo que iba, es que no es una chica a la que puedas enamorar así como así -.

- Es que yo creía que realmente me quería... -.

- Yo estoy seguro que sí, he visto cómo te mira desde hace meses, antes de que se empareje con Ron. Además, ¿crees que no te hubiera apartado deliberadamente y con violencia cuando la besaste si es que no te quiere? Parece raro... -.

- Entonces propones que continúe luchando por su amor... - suspiró un agotado Harry.

- Claro - asintió. - Y lo harás de una manera más sencilla y espontánea. Nada de preparativos previos, quizás algún que otro lugar, reverencias o regalos, pero nada extravagante; lo harás, incluso, hasta de una manera abrupta. Allí no lo resistirá... -.

¡Hermione, sabes que me gustas!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora