8. Decidir sin pensar

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Narra Harry:


Era una noche nublada y templada, posiblemente con riesgo de chaparrones en los alrededores. Me encontraba en la torre de astronomía, pero no solo: estaba cara a cara, nunca nuestros rostros más cerca, con Mione, la bella e inteligente Mione, aquella que me volvía loco (en el mejor y sentimental sentido) día a día. Estábamos ambos vestidos con el uniforme escolar de Gryffindor.

- Mione..., tú... me gustas. Me encantas... - dije entre jadeos con el corazón a mil por hora, sin correr por un segundo la mirada de sus hermosos y rutilantes ojos teñidos de un magnífico color miel. 

Ante lo dicho por mi persona, ella se quedó mirándome recíprocamente a mis ojos, aparentemente sin saber que decir. Estuvimos unos cuantos segundos así; sin decir una palabra y con nuestras respiraciones cruzadas evidentemente aceleradas por la forma en la cual yo inicie el coloquio.

- Harry... - comenzó ella por fin, provocando mucha más prisas en mis palpitaciones. - Tú... - dio suspenso. Enseguida tragué saliva, sin mover un centímetro mi ojeada sobre sus tan adjetivados ojos. - Tú... - repitió. - ... también me gustas... - finalizó por fin. Al escuchar proferir esas palabras mis sentimientos se alzaron por todo el celestial y brumoso cielo. No podía creer que eso realmente estaba ocurriendo, no me esperaba para nada esa respuesta. 

Ninguno se movió, pero lo primero que se me vino a la cabeza y atiné a hacer fue una acción muy impulsiva, pero razonable dado el increíble momento que estábamos viviendo; me acerqué algo bruscamente y, sin un intento de resistencia de parte de Mione, hice que mis labios hagan contacto con los suyos incautamente. Instintivamente ambos cerramos los ojos, y yo coloqué mis manos en su cintura. Luego noté cómo ella enrollaba sus cortos brazos en mi delgado cuello. 

En cuanto al beso, fue perfecto; comenzó con algo de inocencia, pero luego se fue tornando más apasionado y tierno a la vez. Sería un momento que jamás podría borrar en mi vida.

Todo iba bien: un beso perfecto y la aseguración de una 'relación' con la chica que más me fascinaba. 

Pero, finalmente no todo era perfecto; había olvidado algo por completo trascendental: Ron. Y, para mi malísima suerte, el último colorado que mencioné intervino en la escena, mientras yo besaba a Mione.

- ¡Harry! - me gritó él a unos 20 metros con la voz quebrantada por completo, con indudables lágrimas recorriendo sus mejillas.  Ni bien escuchamos su aturdidora voz, Mione y yo nos dimos la vuelta sobresaltados, y más aún al verlo a Ron.

- ¡Ron!, ¡no es lo que piensas! - dije tratando de calmarlo. Él se secó las lágrimas de manera recia y me miró con odio para luego decirme:

- ¡Me traicionaste! - dejó caer decenas de lágrimas.

- ¡No, Ron, no es así! - respondí ya sin saber que decir. Y de repente, se me ocurrió voltearme hacia Mione. Ella había desaparecido sin explicación. No había escuchado en ningún momento que ella se haya ido. Fue sorpresivo.

- ¡T-te mataré! - me espetó apretando los dientes. 

- ¡Fue un error, Ron! ¡Piensa bien!, ¡usa la razón! - supliqué, pero no le importó nada. Él sacó su varita, y enseguida me atacó con un potente y poderoso hechizo:

- ¡Flipendo! - pronunció mi mejor amigo.


Pero, por suerte (ya que hubiera sido una gran pelea irreconciliable con mi mejor amigo) o por desgracia (ya que hubiera sido una gran oportunidad de poder probar aquellos labios prohibidos) todo fue un sueño. Un perturbador, y al mismo tiempo satisfactorio sueño. Me desperté del mismo jadeando/suspirando ininterrumpidamente, no podía creer el semejante sueño que había tenido.

¡Hermione, sabes que me gustas!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora