10. Herido

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Narra Harry:


- ¡Desmayo! - grité y atiné a Ron, impactando el encantamiento en su tórax. Él salió disparado con fuerza y a gran velocidad. Su trayectoria en el aire fue tal, que terminó impactando terriblemente con una pared ladrillosa del inmenso castillo. Desde mi punto de vista, admiré un fuerte golpe de su cabeza con el material que portaba un evidente óxido férrico. Enseguida, preocupado, fui corriendo hacia él, al igual que todos los presentes (incluidos Neville, Fred, George, Seamus y Dean). Y, para mi desgracia, estaba inconsciente. Yo, Harry James Potter, había herido a mi mejor amigo de una manera atroz y desmedida. 

Su cuerpo contenía raspones en todo el cuerpo (manos, brazos y cara). Su cabeza sangraba por detrás, destilando chichones en varios lugares de ella.


- ¡Harry! ¡¿Qué diablos has hecho?! - espetó Neville indignado.

- Yo... no quería... - dije con la respiración aceleradísima y con diversas lágrimas cayendo por mis rojas mejillas. Me sentía fatal, con ganas de haber sido yo el herido.

- ¡Dejen de lloriquear! - comenzó George, una de las pocas veces que lo vi preocupado sin bromear.

- ¡Hay que llevarlo a la enfermería! -complementó Fred. Acto seguido, entre George y Fred lo cargaron por las piernas y los hombros, respectivamente, para llevarlo a una camilla. Nev y yo los seguíamos.

- ¡Nadie nos siga! - gritó Neville al resto del alumnado, quien continuaba contemplado la asombrosa situación.


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Narrador omnisciente:


Harry y Neville iban detrás de los gemelos Weasley, los cuales llevaban en sus manos a su hermano menor Ron, inconsciente en su totalidad. Harry se mostraba interna y externamente muy preocupado, afligido y arrepentido de lo realizado. El llanto no se sosegaba bajo ningún concepto. Al mismo tiempo, Neville se encontraba totalmente asombrado, sin aliento. A su vez, Fred y George caminaban lo más rápido posible, pues temían por la salud física del adolescente de 13 años.


Y, casualmente, en ese momento pasaban por el pasillo los profesores Remus Lupin y Minerva Mcgonagall. La extremidad de la impresión de ambos al presenciar la situación fue evidente.

- ¿Qué significa todo esto? - expresó con suma preocupación la mujer. 

- ¡No hay tiempo! Hay que ir a la enfermería - respondió rápidamente Fred, sin detener su paso.

Minerva, aún impactada, atinó a frenar a Harry y Neville (tomándolos del brazo a cada uno),  para tratar de descubrir que había ocurrido.

- Potter, Longbottom. ¿Qué ha ocurrido? - miró la amenazante e inquietante mujer. Lupin expectaba. Los dos chicos de pelo negro se miraron entre sí; Harry aún contenía lágrimas en su rostro evidentemente deprimido; Neville se puso pálido; la sumatoria de tensiones daba como resultado estrés y nerviosismo inocultable.

- Chicos... - presionó Remus, ante la no-respuesta de ellos.

- ¿Qué le ha pasado a Weasley? - repitió la profesora, ahora más autoritariamente y pronunciando de manera fina cada palabra. 

Harry no soportaba más la presión. Debía decirlo, y que lo expulsen de la escuela. Según él, lo merecía. No podría cargar en sus espaldas con la posible muerte de su mejor amigo, su hermano de otra madre. Así fue; luego de sacar unas cuantas lágrimas más, Harry se las secó con la manga de su túnica y, seguidamente, se paró firme y comenzó:

¡Hermione, sabes que me gustas!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora