🚬
Thomas Roy
— Cada vez que entro a esta casa siento escalofríos
— Suena sensato
Las luces estaban apagadas y todo parecía estar en perfecto orden. No había estado en casa desde hacía ya, un tiempo, me la había pasado durmiendo en cualquier lugar y comiendo en la cafetería de la universidad. Tenía miedo de que mi padre y sus matones hubieran ido hacer desastres a mi departamento, pero todo seguía en orden.
— Que cocinaras? — dice recostando sus codos sobre el mesón de la cocina
Ella no parecía estar de buen humor, pero disimulaba estarlo. Tal vez para convencerse a sí misma que podría solucionar cualquier problema o para convencerme a mi, de que no habia ningún problema, probablemente la primera opción.
— Mmmm, que te parece ¿Pasta?
— La pasta me parece bien
Me quite la chaqueta y la deje sobre el sillón de la sala. Entre a la cocina y empecé a poner agua a hervir para cocinar la pasta. Ella empezó a caminar al rededor de la sala de estar, dando vueltas con las manos en la espalda, como si estuviera buscando algo.
— Algo se te perdió? — digo en voz alta para que pueda escucharme
— No tienes ninguna fotografía
— Mmmm no, creo que ninguna ¿por qué?
— Quería verte de pequeño, apuesto a que eras tierno
Ella regresa a la cocina y vuelve a sentarse al otro lado del mesón que separaba la cocina del pasillo
— Por qué crees que era tierno? — digo con una risa
— Después de muchas películas y caricaturas llegué a la conclusión de :" Todo lo que es tierno de pequeño, crecerá para volverse sexi" así que supongo que eras muy pero muy tierno.
— Jajajaja, debes dejar de ver películas, Wesley
— Pfff
Ella podía ponerme nervioso con un simple comentario, una sonrisa, una mirada, con cualquier cosa podía hacer que mi corazón se acelerará. Una sensación que daba miedo, pero que me alegraba que fuera la única capaz de generar eso en mi.
Ella camina dentro de la cocina y en silencio se acerca a mi con sigilo. Su atención se posa en mi mano cortando albaca. Yo giro mi cabeza para mirarla y me encuentro con los mismos ojos de curiosidad, que puso la vez que conoció a la niña de la máquina de algodón de azúcar.
Ella sabe que puede hacer esa expresión?
Lo hace apropósito?
— Huele muy bien, es salsa pesto?
— Así es ¿No te gusta?
— Me gusta, puedo probarla?
— Claro
Saco una cuchara y recojo un poco de la salsa, cuando voy a entregarsela ella abre la boca. Me quedo confuso con su acción, ya que no la terminaba de entender.
— Ahhh — dice ella aun con la boca abierta
Oh, quiere que se la dé yo
Pongo la cucharada en su boca y ella rueda los ojos
— A veces eres un poco lento, Roy
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El Cielo De Van Gogh
Teen FictionAmelie había decidido no volver a enamorarse, luego de que su primer amor se suicidara tras un malentendido que la involucraba. Sus ganas de vivir y de amar se desvanecieron con la llamada que anunciaba su muerte y desde ese entonces la culpa había...
