🌈
Amelie Wesley
Llegue a casa, borracha, con sueño, con lagrimas en mis mejillas, rota y con ganas de quemar algo. Caminaba lento, quería que ese día de mierda acabará de una vez por todas, pero no tenía la fuerza para subir las escaleras rápido y llegar a mi cama. La casa se encontraba en completo silencio y a oscuras.
Mama debe estar de viaje.
Mis pensamientos estaban nublados. No podía pensar con claridad. Por primera vez en mucho tiempo me sentía sola, con rabia hacia muchos hombres. Hacía Thomas por no contestar su estúpido teléfono, hacía erick por llamar a Jonathan y hacía Jonathan por buscarme en el bar.
Tenía que salir así?
Pasando por mi habitación, justo antes de entrar al pasillo en el que quedaba mi puerta, y undirme en mi almohada. Tropecé con una pelota de goma. De esas que se utilizan para el estrés, su color azul marino me recordó a una antigua pelota que utilizaba en la segundaria, durante los exámenes de química.
— Que haces tu aquí? — susurre
Agache mi cuerpo para recojer la pelota y al levantar mi cabeza choque con unas escaleras que se desplegaba del techo.
El ático estaba abierto
Habían pasado 4 años desde que pise ese lugar, por muchas razones relacionadas al pasado. Pero en ese preciso instante, el negro desconocido que se asomaba por las escaleras, me insitaba a subir.
La curiosidad mató al gato, advirtió la razón.
Por suerte no soy un gato, refutó el corazón
Y fua así como con una pelota de goma en la mano subí las escaleras.
Fue como si el pasado me golpeara de frente, con brusquedad y sin previo áviso. Todo seguía exactamente igual a como lo dejé. Los cuadros de Daniel, brillaban tanto como en ese entonces, incluso con un poco de polvo. Las mariposas de vidrio que atrapaban la luz de la luna, seguían colgadas a la ventana y la carta de Daniel permanecía completamente sellada sobre una mesa madera.
Nostalgia
Dolor
Tristeza
Recuerdos de un pasado remoto pero meramente feliz.
Me acerque a la mesa de madera y recoji el sobre de papel, al que los años habían vuelto más amarillo de lo que era.
Era tal cual como me recordaban mis sueños. La horrenda caligrafía de Daniel en el frente, dedicándome la carta, pero los hermosos colores fríos y cálidos que asemejaba el patrón, del cielo estrellado de Van Gogh.
No importa cómo hubiera sido mi relación con daniel, ni que tan mala fue. El me había enseñado un mundo donde el cielo más oscuro era multicolor. La comida más dulce eran las gomitas de colores. Me enseñó un mundo en el que las burbujas de jabón eran planetas enteros llenos de vida y la primevera un regocijo de amor.
No importa si el me hizo daño
No importa, porque el me enseñó a amar
Y eso antes de cualquier cosa, me hace querer tenerlo de vuelta.
...
Y otra vez las lágrimas corren.
Tan débil soy para partime con las palabras de Jonathan, con la desaparición de Thomas. Tan débil soy para romperme a pedazos cada vez que recuerdo a Daniel, aunque ya pasaron 4 años.
ESTÁS LEYENDO
El Cielo De Van Gogh
Teen FictionAmelie había decidido no volver a enamorarse, luego de que su primer amor se suicidara tras un malentendido que la involucraba. Sus ganas de vivir y de amar se desvanecieron con la llamada que anunciaba su muerte y desde ese entonces la culpa había...
