Capítulo 8.

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Habían pasado dos semanas desde su día de entrenamiento con Pansy en Gannett Peak. La fotografía aún estaba guardada en su teléfono, no le gustaba admitir que la veía todo el tiempo. Se sentía como una acosadora al verla tanto pero tampoco mentiría, le gusta la pelinegra. No intentaría nada solo era su amiga además de que sabía que la ojiverde no estaba en condiciones o interesada en buscar una relación.

Sus pies se quedaron sobre la alfombra rojiza, estiró su cuerpo luego de dejar el teléfono en la mesita de noche. Era sábado, ayer fue una de sus sesiones de grupo donde nuevamente su amiga no participó solo se sentó a escuchar y llorar un poco. Hermione sabía que era el único lugar donde Pansy podía hacerlo sin necesidad de parar o fingir que era fuerte.

Pasó su mano por su rostro, levantándose con pesadez para darse un baño. Incluidos los fines de semana siempre se levantaba a las cuatro de la mañana para hacer su trabajo, ejercicio, tareas, y diversas cosas. Sabía que hoy tendría un entrenamiento difícil pues era día de escalada y después unas horas en el gimnasio del pueblo.

Elige ropa cómoda, preparó su mochila antes de bajar. Escuchaba a su padre hablando por teléfono con Elizabeth pues la mujer había estado investigando lo más que podía sin parar. su padre y ella establecieron una relación de compañerismo bastante rápido luego de las pequeñas diferencias de intereses. Elizabeth tenía treinta y dos años, venía de las Vegas donde había pasado toda su vida, su estación de policía. Era una mujer apasionada por lo que hacía a pesar de aún ser considerada una novata. Su inteligencia era visible desde lejos, su belleza también lo era. Ojos verdes, cabello rubio acompañados de una personalidad preciosa.

Hermione había entablado una relación de amistad con ella, mostrándole el pueblo y lo que hacía además de ayudarla en la investigación. Leya, su madre había hecho una pequeña aparición en casa, reclamando porque su hija y su ex esposo estaban pasando tanto tiempo con la federal. No había motivo de dar explicaciones, no las merecía. Elizabeth intentó explicarle que solo era por el caso de Emily que intentaba resolver, terminó con el café sobre su ropa.

— ¿Estás bien?—. Su padre bebía su taza de café con una mirada de confusión al ver como su hija estaba tan pensativa.

— Si, pa. Solamente estaba enviando un mensaje.— Bajo su teléfono, tomando su pan tostado.

— ¿No es muy temprano para la señorita Parkinson?—. Sonrió travieso ante la chica que le gustaba a su hija.

— Algo, pero no tendré tiempo después y siempre le dejó un mensaje de buenos días.— Limpio algo de mermelada que se deslizó por sus labios.

— Bien.— Dejó la taza. — ¿Sabe que te gusta?—.

— ¿Qué? No, no me gusta. Somos muy buenas amigas, además solo la conozco desde hace dos meses. — Se encogió de hombros claramente nerviosa.

— Es evidente, mi amor. No sonreías con nadie que no fuera Harry y los Weasley. Entiendo que quieras ocultar tus sentimientos, tienes tus razones. Solo quiero que estés bien y no te lastimen.— Estiró su mano para tocar la de su hija.

— Tranquilo, papi. No pasara nada.— Murmuró.

Terminaron de desayunar luego de unos minutos, cargando el auto de su padre para poder dirigirse a Gannett Peak. El sol comenzaba a salir haciendo una vista preciosa. Su padre le instruyó como escalar, como hacerlo más rápido y los mejores consejos que podía darle. Le enseño a pelear con cuchillo, defender de un atacante. El sudor recorría su cuerpo sin importar lo frío que estuviese la mañana.

Luego de unas horas se dirigieron al gimnasio donde Hermione fue designada a correr en la cinta durante una hora y media. Sus piernas quemaban por el esfuerzo anterior más el gran entrenamiento en la cinta.

Cold River- PansmioneDonde viven las historias. Descúbrelo ahora