La cueva y el ave

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La miré inquieta, sin terminar de entenderla. —¿De qué verdad estás hablando?

Clere no respondió de inmediato.

En lugar de eso, giró el rostro hacia el mar, como si la pregunta no mereciera prisa.

—Este lugar fue distinto alguna vez.

Su voz bajó apenas un tono. No era nostalgia abierta, era algo más contenido, como si cada palabra tuviera peso propio.

—La corte se extendía sobre el páramo y el reino respiraba en calma. La reina Elizabeth gobernaba Ilesglow... y todo funcionaba porque el mundo todavía creía en la paz.

Hizo una pausa breve.

—Ella lo sostenía todo. No por poder... sino por la forma en que elegía cuidar incluso lo que no merecía ser cuidado.

El viento pasó entre ambas.

Clere no lo siguió con la mirada. Ya no estaba contando una historia para mí. Estaba recordando algo que yo no podía alcanzar pero que me inquietaba de alguna manera. 

—Un día, mientras caminaba por la orilla, un barco encalló —continuó—Fue arrastrado por un portal intermitente, uno de esos dobleces del tiempo que a veces conectan nuestros mundos. No es muy común pero pasa, algunos portales son más recurrentes que otros, por ejemplo, el triángulo gris. Creo que en tu mundo lo llaman el Triángulo de las Bermudas. ¿Has escuchado sobre él? Supongo que sí, ustedes suelen asustarse cuando alguno de los nuestros cruza a su mundo. 

Yo fruncí el ceño.

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

Silencio.

Esa vez no evitó la pregunta. Simplemente no la priorizó.

Como si ya supiera que yo iba a hacerla... mucho antes de que existiera.

El aire cambió y algo en su postura se endureció apenas.

—Porque tú también entraste por una de esas grietas.

Por un segundo, su mirada cambió. No fue sorpresa... fue algo peor.
Como si ya hubiera esperado verme ahí.
Como si no fuera la primera vez.

Una pequeña chispa de esperanza se instaló en mi—¿Qué es aquí y como cruce por la grieta de la que hablas?

—La pregunta real no es como llegaste aquí, si no, por qué. 

—¿Y por qué fue eso exactamente? 

Ella soltó una risa suave —Tan directa como siempre

Esa frase me incomodó más de lo que debería. No por lo que dijo...
sino por la forma en que lo dijo.

No explicó más, solo volvió a su historia de barcos y reinas. Y ese fue el problema.

 Deje de escucharla. Ya me había quedado claro que ella no pensaba ayudarme, así que yo tendría que resolver esto. Escudriñe el lugar buscando una posible ruta de escape. 

Fue entonces cuando un ave de plumaje verde y pecho rojo sobrevoló a la princesa.

Sin pensarlo, corrí hacia un montículo de piedras al borde del risco. Había notado que tras ellas se ocultaba una escalera. Si lograba llegar y bajar hasta la playa, podría ocultarme y encontrar una salida.

Mi corazón latía desbocado con la adrenalina de la huida, mirando de reojo la distancia que me separaba de ella.

Estaba a punto de alcanzar las rocas cuando... tropecé.

Perdí el equilibrio, rodando hacia el vacío. Cuando el suelo desapareció bajo mis pies, creí que era el final. Pero en lugar de una caída mortal, mi cuerpo se deslizó por una estrecha fisura en la roca.

Legítima HerederaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora