No te quiero aquí

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Sus palabras resonaron en mi mente mientras continuaba observando el movimiento a mi alrededor. Cada risa, cada chispa de magia, cada detalle que antes me parecía ajeno ahora tenía un eco distinto, como si por debajo de esa cotidianidad hubiera algo que me estuviera llamando.
¿Más conectada a este lugar de lo que creo? Traté de aferrarme a esa idea sin saber si me reconfortaba o me aterraba.

Me quedé en silencio por unos segundos más, intentando poner en orden los pensamientos, cuando Neithan desvió la mirada hacia el cielo.

El sol comenzaba a caer, tiñendo los corredores de oro y sombras suaves, como si el lugar también respirara más lento.

—Se está haciendo tarde —dijo con voz más suave—¿Te sientes un poco mejor?

Asentí despacio. El mareo seguía ahí... no en la cabeza, sino en algo más profundo, como si me hubieran movido algo por dentro sin pedir permiso. Pero, aunque Neithan me transmitía confianza no era algo que quisiera admitir en voz alta. 

—Sí... eso creo.

Neithan sonrió apenas y me ofreció la mano.

—Entonces vamos. Aún tengo que mostrarte la biblioteca antes de que veas a la Decana. Tal vez podamos esconderte entre los libros. 

Su intento de humor me arrancó una sonrisa débil. Me incorporé y lo seguí tratando de actuar con normalidad. 

Pero, de alguna manera... algo había cambiado.

Neithan me habló de los dones y de los brujos mientras avanzábamos hacia la biblioteca.

El lugar olía a papel antiguo y piedra húmeda. Entre estantes interminables encontré ilustraciones de la reina Elizabeth y del torneo de Amatisa. También escenas de guerra... pero había algo extraño en ellas. Algunas partes estaban borradas, como si alguien hubiera decidido que no debían verse completas.

 Neithan me explicó que en Ilesglow han ocurrido dos grandes guerras. La primera fue la Guerra Obscura, un conflicto al inicio de todo donde la oscuridad peleó con la luz para conformar el mundo. 

La segunda, que él denominó Guerra de Castas, ocurrió tras la muerte de la reina de la que todo el mundo habla. El caos se extendió hasta que se fundó el colegio Mondreal y otras instituciones para contener lo que había quedado... fuera de control.

Pero, mientras más lo escuchaba. Más sentía que había partes en esa historia que estaban mal contadas. 

Revisé un par de libros más, tratando de ordenar lo que Neithan me había explicado, cuando él me recordó que ya casi era hora de mi cita con la Decana. Insistió en que debíamos continuar.

Cerré el libro con cierta resistencia y lo seguí.

El ambiente cambió apenas salimos de la biblioteca.

El silencio antiguo, lleno de polvo y páginas, dio paso al movimiento constante del colegio: pasos en los pasillos, voces que se cruzaban, risas que se apagaban a lo lejos. 

Varios estudiantes acababan de salir de clase y, mientras avanzábamos, comencé a sentir las miradas clavadas en mí.

Al principio pensé que era imaginación mía. Pero no.

Se repetían.

Rápidas, breves... algunas curiosas, otras demasiado frías.

Seguí caminando como si no pasara nada, pero esa sensación empezó a incomodarme. Sobre todo, cuando note cómo un grupo de chicas me observaba en silencio. Evaluando cada uno de mis pasos, como si enumerara todas las cosas que estaban mal en mí y transpiraran su desprecio, pero ¿por qué? Apenas me conocían. 

Legítima HerederaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora