Cuando el reloj marcó el fin del día, no pude estar más feliz. Necesitaba aire. Con urgencia.
Caminé sin rumbo por los pasillos hasta encontrar una salida hacia los jardines. Apenas crucé el umbral, la tensión en mi pecho aflojó un poco. Me dejé caer en una banca, solté el cabello y exhalé con fuerza, como si hubiera estado conteniendo la respiración todo el día.
Alcé la vista.
El edificio de adoquines azules se elevaba frente a mí, imponente... ajeno.
¿Realmente pertenecía aquí?
La pregunta no llegó como duda, sino como una incomodidad persistente.
Como algo que no terminaba de encajar.
Porque no encajaba.
No entendía por qué estaba ahí. No entendía qué veían en mí. La magia seguía pareciéndome absurda... y, aun así, había algo peor que no entenderla
Que una parte de mí sí lo hacía.
Que una parte de mí la reconocía por mucho que tratara de negarlo.
Tragué saliva. Tal vez por eso dolía tanto.
Pensarlo fue suficiente para que las palabras de mi madre regresaran, nítidas, como si nunca se hubieran ido.
Diferente.
Anormal.
Fuera de lugar.
Apreté los labios.
Durante años luché contra esa idea. La rechacé. La negué.
Pero ahora...
Ahora no estaba tan segura de poder hacerlo.
Levanté la vista al cielo, obligándome a no llorar.
—No —murmuré, casi en automático.
Negué con la cabeza, como si así pudiera sacarme esos pensamientos de encima.
No podía permitirme eso ahora.
No después de todo lo que ya había pasado.
Me limpié las mejillas con el dorso de la mano y respiré hondo.
Apenas era el comienzo.
No iba a rendirme en el primer día. No después de haber llegado hasta aquí... aunque no supiera cómo lo había hecho o quien me había traído aquí realmente.
Fruncí el ceño, apenas.
Esa idea... otra vez. La sensación fue breve, pero suficiente para dejar un rastro incómodo.
La princesa dijo que llegue aquí por accidente, por una grieta entre mundos, pero, entre más lo pensaba más difícil me era creer que se tratase solo de una casualidad.
Exhalé lentamente.
Tenía que encontrar respuestas.
Me quede sentada un rato más contemplando el hermoso jardín.
En el centro se alzaba una fuente de mármol gigantesca. Caballos de piedra parecían trepar hacia la cima, donde una figura femenina observaba el horizonte con expresión solemne. A sus pies, criaturas de todo tipo la rodeaban, casi como si la veneraran.
Había algo en esa escena...
Me levanté, impulsada por una curiosidad que no supe explicar, y di un paso hacia la fuente.
Y entonces tropecé con algo... o, mejor dicho, alguien.
—¡Disculpa, no te vi!
Se incorporó rápidamente, evitando mirarme. Eso ya era extraño... pero más lo fue notar sus orejas puntiagudas y el tono ocre de su piel.
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Legítima Heredera
FantasyEn Ilesglow, el conocimiento tiene un precio. Y algunas verdades son capaces de destruir reinos, romper identidades... y condenar a quien las escucha. Una nación marcada por antiguas heridas. Una bruja y un mortal. Un sacrificio que aún resuena entr...
