Circonio liquido

25 1 0
                                        

"El fuego no apareció como un evento, sino como una certeza que ya estaba escrita en el aire antes de que el mundo decidiera admitirla. Primero fue el color, un verde imposible que no pertenecía a nada vivo ni muerto, y después la forma en que se extendió: no creciendo, sino ocupando, como si siempre hubiera tenido derecho a ese espacio y solo lo estuviera reclamando.

El aire se deformaba a su alrededor, perdiendo consistencia, como si la realidad no pudiera sostenerse donde esas llamas tocaban. No había caos en el sentido habitual. Era otra cosa. Algo peor. Era orden sin intención, una destrucción que no dudaba.

Y en el centro estaba ella.

No debería seguir en pie. Su cuerpo estaba atrapado en un proceso que ya no distinguía entre dolor y resistencia, entre supervivencia y error. Gritaba, pero el sonido no llegaba completo, como si el propio mundo filtrara su desesperación para no tener que cargarla entera. El fuego no respondía a sus movimientos ni a su lucha; simplemente seguía avanzando, como si su presencia fuera irrelevante para el resultado final.

Mi cuerpo reaccionó antes de que pudiera decidirlo. Las marcas comenzaron a arder bajo la piel, no como advertencia, sino como reconocimiento, como si aquello que estaba viendo activara algo antiguo que no tenía nombre, pero sí memoria. Cada pulso de ese dolor interno me empujaba hacia la acción, pero la acción ya estaba escrita como inútil.

Porque lo sabía.

Siempre lo sé.

No importa lo que cambie en los bordes de la escena. El núcleo permanece intacto. El fuego siempre termina completando lo que empezó, solo modifica la forma en la que todo se quiebra.

Entonces la vi bien.

Sus ojos.

No eran los de ella, pero el impacto fue inmediato, físico, como si alguien hubiera detenido el flujo del mundo por un segundo. Esa forma de mirar no pertenecía al incendio ni al cuerpo que lo sostenía. Era otra cosa. Algo que no se había rendido todavía.

Curiosidad. Esperanza. Esa obstinación silenciosa de creer que el mundo todavía puede responder de otra manera.

Y eso fue lo que rompió todo.

No el fuego. No la destrucción.

La repetición.

Porque esa misma forma de mirar ya existía en otro lugar. En otro tiempo. En alguien que no debería aparecer aquí.

Mi pajarita.

El pensamiento no llegó como recuerdo, sino como choque. Como si el sistema entero hubiera detectado una anomalía imposible. No estaba allí, no podía estarlo, pero la forma en que esos ojos sostenían el mundo era idéntica. Y esa coincidencia no era posible sin consecuencias.

El fuego siguió consumiendo todo, indiferente a la fractura interna que acababa de generarse en mí. Pero yo ya no estaba viendo el incendio. Estaba viendo el punto exacto donde el patrón se repetía otra vez, donde el resultado volvía a nacer con otra cara.

Y entendí que no podía seguir siendo solo espectador.

Porque si el mundo insistía en repetirse de esa manera...

entonces era hora de mover las piezas antes de que volviera a cerrarse el mismo final"

entonces era hora de mover las piezas antes de que volviera a cerrarse el mismo final"

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Legítima HerederaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora