Desperté antes de que el grito terminara de apagarse en mi garganta.
Aún lo sentía atravesado en el pecho, como si el aire del sueño no se hubiera ido del todo. Me incorporé de golpe, buscando orientación en la oscuridad del cuarto, pero lo único que encontré fue el silencio denso de siempre... ese que no descansa, solo espera.
Esta vez el sueño no se había quedado en imágenes sueltas. Había sido distinto...
Una pelea.
El suelo bajo mis pies no era piedra ni madera, sino algo vivo, húmedo, como si el bosque respirara conmigo. Entre los árboles deformes, sombras sin forma definida avanzaban arrastrándose, cambiando de tamaño cada vez que intentaba mirarlas directamente. No tenían rostro, pero sí intención. Eso era lo peor.
Huía al principio.
Luego dejaba de huir.
Porque algo dentro de mí reaccionaba antes que yo.
Las manos se me encendían sin aviso.
Una luz blanca, violenta, como si el aire se rompiera al tocarla. No venía de afuera, venía de mí. Y cada vez que la soltaba, los monstruos se deshacían como tinta en agua, pero el bosque también se quebraba un poco más conmigo dentro.
Recuerdo haber gritado.
Recuerdo no haber sabido si era dolor o control.
Y después... el vacío.
Abrí los ojos otra vez.
El techo seguía ahí. Mi cuarto seguía ahí. Pero yo no terminaba de estarlo.
Me pasé la mano por la cara, obligándome a respirar de forma más lenta. Tres veces en la misma semana no era casualidad. No podía serlo.
Algo estaba filtrándose y cada vez lo entendía menos.
Me levanté sin ganas de pensarlo más. Vestirme, salir, seguir. Esa era la única forma que había encontrado de no romperme del todo.
Cuando abrí la puerta, Neithan ya estaba ahí.
Apoyado contra el marco, brazos cruzados. Esta vez no había energía en su postura. Ni bromas preparadas. Solo observación.
—No estas bien, lo puedo sentir —dijo.
No fue pregunta, solo una cruda observación.
No respondí. Me limité a cerrar la puerta detrás de mí.
Él caminó a mi lado sin insistir de inmediato. Eso fue peor que cualquier comentario.
El pasillo estaba casi vacío, pero sentía miradas que no existían. O quizá sí. Ya no sabía diferenciarlo.
—Estás peor que antes —murmuró al fin.
—Estoy bien.
La respuesta salió automática y defensiva.
Neithan soltó una risa breve, sin humor.
—Eso no te lo crees ni tú.
No discutí.
Porque no era solo cansancio.
Había otra cosa.
Algo que se estaba acumulando desde hacía días. Desde los sueños. Desde los momentos en que el mundo parecía retrasarse medio segundo cuando giraba la cabeza. Desde la forma en que a veces sentía mis propias manos... ajenas.
Bajamos las escaleras en silencio.
El comedor ya estaba lleno de ruido, pero no entré con él. Me desvié antes.
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Legítima Heredera
FantasíaEn Ilesglow, el conocimiento tiene un precio. Y algunas verdades son capaces de destruir reinos, romper identidades... y condenar a quien las escucha. Una nación marcada por antiguas heridas. Una bruja y un mortal. Un sacrificio que aún resuena entr...
