¿Qué ocurrió?

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Finalmente las lágrimas cesaron y respire tratando de calmarme, el chico a mi lado me sonrió—¿Estás mejor?. —Yo solo asentí y volví a darle las gracias—No me agradezcas. —hizo una pausa— ¿Me contaras lo qué ha pasado?

Suspiré debatiéndome entre confiar en aquel misterioso chico o no, pero después de pensarlo un momento decidí contarle, ya que después de todo me había ayudado—Se han llevado a mi padre. —las lágrimas vuelven a fluir y siento mi corazón estrujarse—No pude salvarlo, pude haber hecho algo, pero…—la voz se me quebró. 

Él un poco dudoso me abraza—Tranquila sé que no nos conocemos pero te prometo que las cosas mejoraran, yo te ayudaré a encontrarlo.  

Trate de controlar mis sollozos —Por… ¿Por qué me ayudas? 

Él solo se encogió de hombros—Supongo que de estar en tú lugar me gustaría que alguien me ayudase, por cierto, soy Ethan. 

—Adeleila.

—Un nombre muy lindo para una chica linda. “ 

                        ———<>———

Despierto gritando sin saber bien porque. Todo está borroso, y sumamente confuso. El cuarto está oscuro y el aire se siente pesado. Parpadeo varias veces, tratando de aclarar mi visión. Poco a poco, las sombras se vuelven más definidas: camas, paredes… No reconozco este lugar.

Mi mano tiembla al tocarme la frente. ¿Acaso todo fue un sueño?

Un sonido rompe el silencio: pasos acercándose.

—¿Liam? ¿Eres tú? —Mi voz sale rota, insegura.

Una silueta se sienta en el borde de la cama, su expresión despreocupada.

—No sé quién sea ese Liam, pero aquí toy.

Parpadeo confundida. Y entonces, como una corriente fría recorriéndome la espalda, los recuerdos golpean mi mente—Les… ¿qué me pasó? —mi voz tiembla— ¿Dónde está Milton?

—Está durmiendo. No ha pegado ojo en días… vaya susto le metiste. ¿Quién te crees?

Trago saliva, sintiendo un nudo formarse en mi garganta.

—¿Quién me creó? —repito con ironía—. Por favor, ¿no podías ser una persona normal y preguntar si estoy bien?

Les sonríe burlón—Querida, sabes que no soy normal. ¡Hasta el comentario ofende!

No puedo evitar rodar los ojos, pero la ansiedad sigue ahí, hundiéndome en incertidumbre.

Y entonces reparo en lo que dijo—¡Espera! ¿Dijiste días? ¿Dónde estoy? ¿Cuánto tiempo llevo aquí?

—Estás en la enfermería, ¡dah!

Siento que la habitación gira a mi alrededor. ¿Cuánto tiempo exactamente he estado fuera? ¿Qué me pasó?

Una voz severa irrumpe en la conversación.

—¡Ithle Adeus Spok, deja a Leila de una buena vez!

Neithan.

Les pone cara de perrito regañado, cruzándose de brazos con dramatismo.

—No me digas así, sabes que odio mi nombre. ¿Por qué eres así? ¡Creí que me amabas!

—¿Pero qué dices? Claro que te amo. Eres tú el que no me quiere. —Neithan hace un puchero exagerado.

—Claro que te quiero, tonto.

Legítima HerederaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora