En cuanto Adeleila se desplomó, Milton la atrapó antes de que tocara el suelo. Su nombre salió de su boca una y otra vez, más rápido de lo que podía respirar.
—¡Ade! ¡Adeleila, mírame! ¡No cierres los ojos, por favor…!
Pero ella no respondía. Su cuerpo estaba demasiado ligero, demasiado frío, como si la hubieran apagado de golpe.
El murmullo del restaurante creció en segundos. Sillas arrastrándose. Gente levantándose. Voces preguntando qué había pasado. Milton no escuchaba nada de eso.
Solo la sostuvo contra su pecho y apretó la mandíbula.
La sacó de allí sin pensar.
El trayecto hasta la escuela fue una mezcla de carrera y caos. Milton apenas recordaba haber cruzado los pasillos, solo el peso de ella entre sus brazos y el sonido de su respiración irregular, como si estuviera atrapada entre dos mundos.
—¡Abran paso! —gritó alguien.
Otra voz respondió, más cerca:
—¿Qué pasó con ella?
—¡Muévanse!
Milton no soltó el agarre ni cuando sintió que le temblaban los brazos.
Cuando llegó a la enfermería, la puerta se abrió antes de que pudiera golpearla.
La enfermera lo miró una sola vez… y su expresión cambió.
—Ponla aquí.
La camilla crujió cuando la dejaron sobre ella.
Adeleila no reaccionó.
El pasillo se llenó rápido.
Lesth fue el primero en llegar, respirando agitado, con la mirada fija en ella.
—¿Qué le hiciste? —soltó, sin pensarlo.
Milton giró la cabeza de inmediato.
—¿Perdón?
—Eres el último que estuvo con ella —insistió Lesth, avanzando un paso—. Siempre pasa algo cuando estás cerca.
—¡Cállate! —estalló Milton— ¡La estaba ayudando!
—No lo parece.
El aire se tensó como una cuerda a punto de romperse.
Neithan bajó del aire en un golpe seco de alas, interponiéndose.
—¡Basta! Ninguno sabe qué pasó.
—Pues alguien tiene que saberlo —escupió Lesth—. Y ella no está así por casualidad.
Milton apretó los puños.
—Si no la hubiera sacado de ahí, estaría—
—¡Ya! —la voz cortó el choque como una hoja fría.
La enfermera salió de la sala, cerrando la puerta detrás de ella.
El silencio cayó de golpe.
Todos se giraron.
Ella los miró uno por uno, sin prisa.
—Está estable.
Nadie respiró.
—Pero nada puede ayudarla ahora mismo.
Lesth frunció el ceño pero trato de ocultar el pánico en su rostro.
—¿A qué se refiere?
La enfermera sostuvo la mirada, firme.
—Su cuerpo está en equilibrio… a duras penas. Lo que ocurrió no fue un desmayo común. Fue una sobrecarga mágica.
El aire pareció volverse más pesado.
—Su sistema está saturado. Si intentamos forzarla… podríamos romper el vínculo por completo.
Milton dio un paso adelante.
—Entonces díganos qué hacer.
La enfermera negó lentamente.
—Nada.
Silencio.
—¿Nada? —repitió Neithan, incrédulo.
—Solo esperar —confirmó ella—Ahora depende de ella.
Lesth bajó la mirada un segundo, como si la frase le hubiera golpeado más fuerte que cualquier espada.
—¿Y si no despierta?
La enfermera dudó apenas un instante.
—Entonces no habrá magia, ni tratamiento, ni intervención que la traiga de vuelta.
Un peso invisible se instaló en todos.
La puerta volvió a cerrarse.
Dentro, Adeleila permanecía inmóvil.
El mundo afuera seguía respirando pero en su interior se desataba un remolino.
"Pasaron un par de semanas desde que me topé con Alyssa. Conforme fuimos conociéndonos descubrí que no era mala persona; solo era un poco despistada, increíblemente terca y decididamente intensa cuando algo le importaba. Aquella combinación nos hizo chocar más de una vez al principio, pero también terminó arrancándome más de una sonrisa de las que estaba dispuesta a admitir.
Poco a poco comencé a sentirme cómoda a su lado. Teníamos más cosas en común de las que habría imaginado: ambas disfrutábamos los acertijos y las lenguas ocultas, compartíamos una facilidad casi natural para los encantamientos y una tendencia molesta, aunque bien intencionada, a preocuparnos por los demás incluso cuando no nos correspondía hacerlo.
Alyssa también poseía una cualidad que admiraba profundamente: siempre parecía saber dónde estaba. Podía orientarse en medio de bosques, caminos o ciudades desconocidas con una facilidad asombrosa, casi tan bien como un Lykosfero. Más de una vez me pregunté si llevaba una brújula escondida en algún lugar o si simplemente había nacido con un sentido de orientación tan bueno que si no la hubiera visto usar su magia juraría que era una rastreadora.
ESTÁS LEYENDO
Legítima Heredera
FantasyEn Ilesglow, el conocimiento tiene un precio. Y algunas verdades son capaces de destruir reinos, romper identidades... y condenar a quien las escucha. Una nación marcada por antiguas heridas. Una bruja y un mortal. Un sacrificio que aún resuena entr...
