Espíritu de quetzal

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—No sé cómo lo haces, pero ¡Sal de mi cabeza avecilla tonta!

—No me llames así, mi nombre es Neithan Curtis.... aunque puedes decirme Neith. En cuanto a lo otro. —Se encoge de hombros— No es algo que controle.

—¿Y por qué no?

—Es que... —Se llevo las manos al pelo frustrado—No sé bien cómo explicarlo, generalmente cuando alguien me conoce, ya tiene clara mi naturaleza

Antes de que pudiera decir algo más, corrió hacia el muro y se transformó. Dio un par de vueltas por el corredor y empezó a revolotear sobre mi cabeza.

Fruncí el ceño.

¿Y a este qué le pasa?

Me recargué en la pared y esperé a que terminara su pequeño espectáculo. Mientras tanto, algo más llamó mi atención.

Una chica de cabello y ojos azulados caminaba unos metros más allá, jugando con un par de esferas de agua. Las hacía flotar entre sus manos con una precisión hipnótica. De pronto, alzó los brazos y el líquido tomó forma: un dragón se alzó en el aire, rugiendo en silencio antes de girar sobre sí mismo como un torbellino.

Sin darme cuenta, imité el movimiento.

Seguí el ritmo de sus manos, sintiendo una extraña sensación de... familiaridad. 

O al menos así fue hasta que Neith me saco del trance 

—Deja de mirarlo tanto o terminará por hechizarte.

Giré hacia Neithan, alarmada—¿Eso es posible?

Él soltó una risa.

—Claro que no. Solo estaba jugando contigo

Tomó mi mano y empezó a arrastrarme por el pasillo. Tiré de él de inmediato.

—¡Oye! Suéltame. Estoy harta de que me lleven de un lado a otro sin preguntarme

—Iremos a la terraza. Ya descubrí cómo explicarte lo que soy. —Se detuvo y alzó las manos en señal de rendición—Pero si no quieres... puedes quedarte sin saber.

Lo miré con desconfianza.

—¿Y debería confiar en ti?

Se encogió de hombros.
—No. Pero soy tu única opción.

Dudé un segundo... y suspiré.

—Bien. Vamos.

Sonrió, satisfecho, y esta vez lo seguí sin oponer resistencia.

Subimos dos pisos hasta una pequeña cúpula de cristal cubierta de enredaderas. Flores de tonos casi transparentes colgaban de los bordes, y en el centro una fuente ascendía en un delgado hilo de agua que casi rozaba el techo.

Entonces lo vi.

Un pequeño mono azul, de ojos rosados, saltaba entre las ramas mientras una ave dorada lo perseguía. Cuando por fin lo alcanzó, soltó un chillido que sonaba sospechosamente a risa... y cambió de dirección para empezar el juego de nuevo.

—Cada animal es único —comenzó Neithan, apoyándose en una columna—Y cada uno está ligado a un espíritu.

Lo miré de reojo, pero no interrumpí.

—Son puros. Nobles. Si los escuchas, pueden enseñarte más de lo que imaginas. Hace siglos, algunos brujos comenzaron a observarlos... a estudiarlos. Se obsesionaron tanto que terminaron venerándolos.

Hizo una pausa breve.

—Y el espíritu de los animales respondió.

—¿Cómo?

Legítima HerederaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora