Cenizas

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Aunque Lony apago el fuego y Clere elimino los restos de magia natural de ella. El incendio no desapareció. Solo dejó de verse.

Durante los días siguientes Mondreal continuó funcionando con esa perfección irritante que tenían las cosas mágicas cuando fingían que nada estaba mal. Las campanas seguían sonando a las horas exactas, los corredores cambiaban de dirección como siempre y los profesores continuaban llenándonos de tareas absurdamente específicas, como si una multisala casi consumida por fuego vivo fuera un incidente menor.

Y quizá lo era.

Tal vez en Mondreal las catástrofes ocurrían tan seguido que ya nadie se molestaba en preguntar o quizá Clere simplemente había sido demasiado buena borrando huellas.

Porque nadie preguntó nada.

Nadie habló del humo. Ni olor a savia quemada que siguió impregnando mis manos durante días. Tampoco de las raíces chamuscadas, ni del círculo destruido.

Y nosotros tampoco lo hicimos.

Pero el silencio no arreglaba nada. Solo hacía que todo se pudriera más lento.

Lesth dejó de sentarse con nosotros durante las comidas. Seguía apareciendo en clase, pero apenas hablaba. Cada vez que alguien mencionaba rituales, círculos mágicos o canalización, su espalda se tensaba como si esperara un golpe o peor, una sentencia.

Así que entrenaba. Demasiado, como si estuviera intentando arrancarse el error del cuerpo a fuerza de práctica.

A veces lo veía salir de las salas de práctica con las manos vendadas y tierra todavía pegada en la ropa. Otras veces simplemente desaparecía durante horas enteras dentro de los jardines internos, donde las raíces respondían mejor a su magia.

Neithan intentaba seguirlo.

Pero incluso él parecía agotado. Ya no hacía tantos chistes. O peor: los hacía demasiado rápido, como si necesitara llenar cualquier silencio antes de que alguien dijera algo real.

Lo había visto quedarse despierto observando a Lesth cuando creía que nadie lo notaba.

Como un ave vigilando algo herido que no sabía cómo salvar.

Lony tampoco estaba bien, solo era mejor ocultándolo.

Volvió a entrenar apenas dos días después del incendio, ignorando por completo el hecho de que durante horas su cuerpo había brillado como una brasa rota. Cada vez que alguien preguntaba cómo se sentía, respondía con insultos, amenazas vagas o comentarios lo suficientemente ofensivos para espantar cualquier preocupación.

Y normalmente funcionaba.

Pero yo había empezado a notar cosas...A veces apretaba demasiado fuerte los cubiertos hasta fundirlos sin darse cuenta. Otras, el aire alrededor de ella aumentaba de temperatura cuando se enfadaba. Y sus ojos... Sus ojos comenzaban a oscurecerse apenas alguien mencionaba fuego.

Como si algo dentro siguiera despierto.

Como si todavía estuviera conteniéndolo.

Y luego estaba yo. Durmiendo peor, pensando demasiado, recordando cosas que no entendía.

El fuego. Aquel lugar imposible detrás de las llamas. La sensación de que algo me observó desde el otro lado.

Y Clere. Especialmente Clere.

Porque desde aquella noche no había vuelto a aparecer.

Nada.

Solo ese vacío incómodo que dejaba la gente que parecía saber demasiado y que tras el paso del huracán me había vuelto a dejar sola para lidiar con los pedazos.

Legítima HerederaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora