¿Por qué?

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Paso mi mano sobre los libros del estante, las portadas son rugosas y antiguas. Algunas están llenas de polvo, otras tienen marcas de dedos y esquinas dobladas. Me detengo al ver uno con el lomo rojo y pequeños vieses dorados. Hay algo en él que me llama. 

Lo abro al azar.

"La Corte Roja" se lee en la parte superior de la página.

Antes de darme cuenta, comienzo a devorar el texto:

"La Corte Roja es la élite de las brujas, conformada por aquellas candidatas que aspiran a ascender al trono. Cada veinte años, bajo la guía de la princesa Clere, las dignas aprenden, entrenan y se preparan para asumir la corona. Antes de que termine el solsticio de invierno, se enfrentan a una prueba sagrada: el torneo de Amatisa, que decidirá quién será la nueva reina. Este rito no es solo una tradición, sino la garantía de que quien gobierne posea un corazón puro y pueda portar la marca de Era."

Frunzo el ceño con más preguntas que respuestas ¿Por qué cada veinte años? ¿Qué se supone que es la "marca de Era"?


Me duele levemente la cabeza... y entonces, sin transición, me encuentro en un jardín amplio, rodeado de rosas en tonos pastel y columnas que sostienen arcos cubiertos de hiedra.

Una niña de cabello blanco corre con el vestido ondeando. Ríe y abraza a una mujer de ojos esmeralda.

—¡Te extrañé, mami! —Replica la pequeña con un dejo de tristeza oculto en el brillo de sus ojos. 
La mujer la alza con ternura. Ella sonríe.

Mientras acaricia su cabello, la niña repara en una marca extraña en su muñeca.

—¿Qué es ese dibujo, mami?

—No es un dibujo, cariño. Es mi sello con la diosa.

—¿Y por qué yo no tengo uno?

—Lo tendrás, algún día... cuando yo no esté.

Los ojos de la niña se llenan de lágrimas y abraza a su madre con fuerza.

—¡No quiero el tonto dibujo! ¡Quiero que mi mami siempre esté conmigo!

—Estaré contigo, tanto como me sea posible.—La mujer hace una pequeña pausa y acaricia el cabello de su hija antes de agregar—Pero algún día me tendré que ir, y cuando lo haga, tú llevarás tu propio sello. Eso te purificará, y te hará más fuerte.

—¡No! Yo no quiero, dáselo a alguien más...

—Pasarlo es complicado. No cualquiera es digno, y menos si no nació para ello —responde la mujer, besando su frente—Pero no te preocupes... falta mucho aún, y yo estaré cuidándote.

Parpadeo un par de veces. El jardín desaparece. Estoy de vuelta en la biblioteca, con el libro aún abierto. En la ilustración, una reina de cabello negro sostiene la mano de una joven. Bajo la imagen, una frase:

"La marca incompleta solo puede pasarse por un periodo corto antes de que dañe a la portadora."

Cierro el libro, confundida. Y sin previo aviso, otra imagen me golpea con el brillo de los ojos de otra pequeña, pero esta vez es una que no me es difícil reconocer...


Ella sube con dificultad a una silla, emocionada. Lleva en las manos un dibujo, uno de ella y su madre bajo un árbol. Los trazos son disparejos, pero su madre sonríe, y eso basta para iluminar el corazón de la pequeña. La acaricia con cariño y le dice que irá a verla en un momento.

Pero el momento no llega.

La niña espera. Luego toma una hoja del periódico que dejó su padre y dibuja otro retrato, como si así pudiera atraer la atención que le falta. Asoma la cabeza al estudio, pero su madre está demasiado concentrada. No entra. Tiene miedo de molestarla.

Legítima HerederaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora