8. Siempre hay un problema

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Los adolescentes son complicados, y eso que aún cuento como uno, ¿no es así?

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Los adolescentes son complicados, y eso que aún cuento como uno, ¿no es así?

Cada chico en este salón tiene un problema diferente.

Sonia terminó con su novio.

Carlos no entiende un problema de matemáticas y tiene una prueba este viernes.

Ángel no se quita los audífonos.

Mafer siente que la ropa que trae la hace ver gorda.

En cuanto al resto, ni siquiera me dijeron su nombre.

Y yo quiero matarme por tener que lidiar con cada uno de ellos.

No tengo ningún título en psicología como para terapiar a estos chicos, y ellos no están dispuestos a hacerme caso porque no tengo ninguna autoridad ya que "soy un niño como ellos".

Y sí, lo soy.

Alguien sáqueme de esto, prefiero limpiar baños.

—Ángel es la solución — me dice Diego.

La hora de la clase del grupo juvenil ha terminado hace ya rato y nos hemos encontrado para ensayar.

—¿Ángel? — inquiero.

—Sip. Él es como el líder de ese sequito demoniaco de adolescentes deprimidos. Si te ganas a Ángel, los demás le seguirán. —explica.

—¿Cómo que es el líder? Si apenas se quita los audífonos.

—Lo sé, es extraño, pero todos ahí le respetan —asiento.

La verdad es que si noté ciertas cosas en Ángel esta mañana. A pesar de que no se quitó los audífonos en toda el rato, su mirada era la única fija en mí; también fue el único que logró tranquilizar a Carlos y a Sonia, y convenció a Mafer de que su conjunto la hacía ver increíble.

Fue gracias a él que al menos pude explicarles a todos lo que tenía planeado, pero también fue él quién me dijo que dejara de hacerme el adulto con ellos porque sólo le llevaba un año.

Dejo caer mi cabeza entre mis piernas y comienzo a lamentar mi existencia.

—Venga, super estrella. Sé que puedes hacerlo —me anima mientras deja caricias en mi cabello.

—Sigue haciendo eso y voy a dormirme — advierto, él se ríe y juro por mi gato que es el sonido más satisfactorio que he escuchado.

—Tal vez eso quiero, porque a lo mejor así dejarás de explotarme — esta vez me río yo. Ladeo la cabeza sólo para verlo.

—Ni creas que te dejaré ir tan pronto, apenas hemos terminado la coreografía. Aún tenemos que pulirla — señalo con mi índice. Hace una mueca de fastidio demasiado exagerada haciéndome reír.

—Voy a denunciarte con derechos humanos por sobre explotación — acusa.

—Oye, tú fuiste el que quiso bailar conmigo. Soporta.

Dance With MeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora