23. Hacerlo difícil

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No me cabía en la cabeza cómo este señor cree tener algún tipo de derecho sobre mi vida cómo para exigir hablar conmigo

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No me cabía en la cabeza cómo este señor cree tener algún tipo de derecho sobre mi vida cómo para exigir hablar conmigo. Aunque, de igual forma, terminé aceptando escucharlo.

No había abierto la boca y hace ya más de 10 minutos que estábamos parados aquí.

—¿Vas a hablar o también perdiste la lengua como mi número telefónico? — inquiero cruzándome de brazos.

—Así que, volviste a bailar — observa.

—No, fue mi doble el que se subió al escenario — lo veo suspirar con fuerza y eso me hace sonreír.

Molestar a mi padre siempre ha sido una de mis actividades favoritas.

—Me hubiera gustado saberlo — dice en tono neutral.

—Y a mí me hubiera gustado contártelo, pero no creo que hubieras entendido las señales de humo.

—¿Puedes bajar tu nivel de sarcasmo?

—No lo sé, ¿tú puedes bajar tu nivel de cinismo? — sonreí al verlo apretar el puente de su nariz. Lo estaba desesperando y no podría estar más contento.

—Escucha, Mar, sé que hay muchas cosas que debo explicarte.

—Vaya, pensé que apenas y recordabas mi existencia.

—Eres mi hijo, claro que recuerdo que existes.

—No se nota mucho.

Suspiró cansado.

—He tenido algunos problemas últimamente y se me ha dificultado lo de la pensión.

—¿Se te complica cumplir con tu responsabilidad como mi padre, pero no para pagar una boda? — pregunto dando un paso hacia él. Algo que tenemos en común es que cuando nos sentimos intimidados, en lugar de encogernos, nos enderezamos y mantenemos la cabeza en alto —. Que por cierto, gracias por invitarme, o espera, no lo hiciste — solté.

—Hay cosas que tú tampoco me has dicho, como esto de volver a bailar — reclama levantando la voz.

—Oh perdona, me habría encantado hacerlo, pero estos últimos meses no he hecho más que hablar con tu contestadora — escupí, molesto al igual que él.

Se había quedado sin excusas o algún otro reclamo para mí, pude notar la desesperación en sus ojos y lo único que me provocó fue el recuerdo de Hanna con esa misma mirada, pero dirigida hacia a él. Ese fue el impulso necesario para dejar de pedirle al universo alguna solución a nuestra relación.

—No quieras jugar al padre abnegado conmigo, porque no has sido mi padre desde hace mucho. Y no me interesa ninguna explicación de tu parte, así que adiós. Salúdame a tu futura esposa — di media vuelta y me marché de ahí.

No tenía nada en contra de Verónica, al contrario, ella me caía muy bien, siempre había sido amable conmigo desde que mi papá me la presentó como su novia. No se habían casado porque cuando planeaban hacerlo ocurrió un problema con los trámites del divorcio de mis padres, y después llegó mi hermano. Ese pequeño era la única razón que tenía para sentirme miserable por no mantener una buena relación con el hombre que me dio la vida.

Dance With MeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora