21. Sólo por impulso

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Evidentemente mi situación con Diego retrasó un poco el ensayo, pero logramos hablar antes de que llegara Cora

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Evidentemente mi situación con Diego retrasó un poco el ensayo, pero logramos hablar antes de que llegara Cora.

No tocamos los temas del día anterior, simplemente acordamos dejarlos fuera del salón e intentar mantener la confianza dentro lo más que se pudiera.

Aunque me costó al principio, terminé por recordar que era un bailarín increíble y que su profesionalismo era excelente, así que podía confiar en él para la coreografía.

—Bien — habló Cora —. Ha estado mejor, no sé si hayan logrado resolver el problema que tenían, pero han logrado mantener la química y la confianza. Espero que para este domingo sigan de la misma manera.

Ambos asentimos ante sus palabras.

—Sus vestuarios están en el armario del estudio J. Según yo son las medidas exactas, pero igual sería bueno que se los probaran - dice y asentimos nuevamente —. Nos vemos el domingo, chicos —se despide y sale del estudio dejándonos solos.

La tensión vuelve a aparecer entre nosotros. No es algo a lo que esté acostumbrado estando con él, no, al menos, a este tipo de tensión.

Es molesto.

—¿Vamos a ver los vestuarios? — propone, dudoso, puedo verlo.

Asiento con la cabeza.

Tomamos nuestras cosas y nos dirigimos hacia el estudio J en completo silencio.

Vamos, di algo.

No es tan fácil.

Sólo dile que te gusta y que no estás molesto.

Pero él puede que sí esté molesto porque yo me molesté y puede que crea que en verdad sólo quería utilizarlo.

Juro que si no dejo de pensar en todo esto me voy a desmayar aquí mismo.

Llegamos al estudio J y nos encontramos a Ángel y Carlos tirados en el suelo en posición de estrellas de mar, estaban compartiendo los audífonos de Ángel.

—¡Ey! — grité para llamar su atención.

Carlos se incorporó rápidamente y nos miró como si fuésemos fantasmas. En cambio, Ángel permaneció en su posición y sólo ladeó la cabeza en nuestra dirección.

—¡Casi me sacas el corazón! — reclama Carlos.

—¿No deberían de estar en sus casas ya? — cuestiono, de brazos cruzados.

—Mi papá aún no llega — informa Carlos.

Ángel no nos quita la vista de encima y eso me pone nervioso, porque su mirada hace parecer que puede leer cada uno de nuestros pensamientos. Da miedo.

Aunque es algo típico de él, analizar a las personas sin disimulo.

—¿Todo bien? — habla finalmente.

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