Chapter 3

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Música relajante para los oídos de Joaquín, cortesía de sus audífonos bluetooth a prueba de agua.

El sol caía sobre él mientras flotaba desnudo en su piscina de agua salada, haciendo todo lo posible para ahogar el incesante sonido de su manager gritándole desde el sillón. Se negaba a abrir los ojos. Lo que sea que ella quisiese podía esperar. Su podcast de terapia decía que se merecía un día para él solo.

Algo ligero que olía a vinilo rebotó contra su frente, y él abrió los ojos para ver una pelota de playa color pastel balanceándose junto a él.

Al borde de la piscina, Lucifer estaba de pie en un traje negro hecho a la medida y un par de Louboutins de cinco pulgadas, blandiendo la recogedora de la piscina como si fuera una espada samurái. Se había recogido su pelo negro tinta en una cola de caballo severa, haciéndola lucir como si hubiese tenido demasiados estiramientos faciales. Su labial era un corte rojo contra su piel oliva, e incluso aunque él no podía escuchar lo que ella decía, sus mejillas coloradas y rostro arrugado le dejaba saber que estaba furiosa. Lucy siempre estaba furiosa, la configuración del volumen de su voz estaba rota y atrapada en diez.

Cuando comenzó a apuñalar el mango de aluminio en el agua como si estuviera haciendo pesca submarina, él dejó que sus pies tocaran el fondo de la piscina, arrancándose los audífonos y arrojándoselos a los pies de ella. Intentó mantener su voz calmada, pero se alzó una octava.

—Sabes que no pido mucho, Lucifer, pero mañana es la lectura del guion, y sabes que antes del día de lectura de guion me gusta flotar en la piscina, escuchar a Yanni y llevarme a mí mismo al espacio mental necesario para abrazar a mi personaje. Esto… —Agitó la mano salvajemente hacia ella— Lo que sea que estés haciendo… no está respetando mi proceso. Es lo contrario a respetar mi proceso. Honestamente, tú realmente me estás derrumbando ahora mismo, así que, ¿podemos dejar de lado lo que sea que te haya hecho entrar en una rabia psicótica esta vez?

—Por última vez, no me llames Lucifer —Lucy gruñó—. Me importa un carajo tu proceso. Necesito hablar contigo. Ahora.

Algo se retorció en sus entrañas, pero se forzó a sí mismo a permanecer relajado. Si se rompía, ella ganaba.

—Te digo esto con amor, Lucy. No luces nada bien. Pienso que el estrés de este trabajo puede ser demasiado para ti. No te estás haciendo más joven.

Ella apretó la mandíbula, lo cual solamente reforzó su coraje. Sus labios se retorcieron en un gruñido.

—Sal de la piscina. Ahora mismo, Joaquín. —Hizo un gesto como si estuviera separando el mar rojo.

—Ahora no funciona para mi… claramente. ¿Estás comiendo suficiente magnesio? Porque he escuchado que una deficiencia puede estreñirte, lo que hace que las personas se vuelvan muy malhumoradas, y tú, Lucifer, estás llena de mierda.

Una risa disimulada vino desde algún lugar cerca de los topiarios flanqueando las puertas de vidrio deslizables. Joaquín sintió la sangre drenarse de su rostro. ¿Por qué Lucifer no estaba solo?

Había reglas. Sus reglas. Él podía ser gay, pero no demasiado gay.

Joaquín Gress era el alfa gay: masculino, deportista, todo lo que el mundo necesitara que él fuera.
Todo lo que Lucy necesitaba que él fuera. Pero era demasiado tarde para colocarse la máscara ahora. Era culpa de Lucy por traer a un desconocido a su santuario interno.

Él se protegió los ojos, inseguro de lo que pasaba. —¿Quién está allí? —llamó, achicando los ojos cuando un hombre emergió de las sombras del toldo y aproximándose al borde de la piscina.

Joaquín hizo lo mejor que pudo para no mirar fijamente, pero era imposible.

—Lucille, ¿por qué este gigante está bloqueándome el sol ahora mismo? ¿Y por qué está vestido como si hubiese una competición de leñadores en las cercanías? ¿Me perdí de algún memo o e-mail?

MADNESSDonde viven las historias. Descúbrelo ahora