Tres citas y un desplante

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Día de la cita – A la tarde en el departamento de Lena

- ¿De qué te ríes? – Para sorpresa de Lena, Alexandra entraba por la puerta del departamento a la carcajada pura – Pensé que tenías una academia de danzas por dirigir y que tenías cosas importantes que hacer – Ella misma había decidido trabajar solo en la mañana porque quería prepararse para su cita con Kara y porque de nada servía estar en su oficina mirando el techo, si en lo único que podía pensar era en la rubia, en el abdomen definido de la rubia, en la mirada de la rubia, en los tatuajes de la rubia y en la boca de la rubia haciendo cosas en ella, y en Kara escondiéndose en su cuello, y en el pene duro de Kara sobre ella... En fin, decidió tomarse la tarde libre. Planeaba hacerse unas máscaras de pepinillos, relajarse en el jacuzzi, depilarse, no porque pensara acostarse con Kara, pero de todas maneras siempre es bueno estar lista. En fin, Lena quería entrar en estado de cita total y disfrutar de la tranquilidad de un departamento sin sus amigas. En realidad técnicamente hablando no era Alexandra la que la molestaba, sino más bien Samantha, pero Lena sabía que la bailarina era el punto de irritación de Samantha, así que si no estaban las dos su tarde pre cita se iba a hacer más llevadera. Desgraciadamente sus planes se arruinaron a penas la bailarina entró al departamento matándose de la risa.

Lena esperaba una respuesta de la bailarina, pero cada vez que Alexandra intentaba hablar volvía a reírse sin parar. La castaña terminó por tirarse en los sillones y Lena la siguió con su mascarilla lista para aplicar. Mientras esperaba a que la bailarina cesará su risa, con sus dedos se lo ponía en forma circular por todo su rostro. El último toque eran dos rodajas de pepinos sobre sus ojos.

- Oh Dios... déjame un poco – la bailarina le sacó el cuenco y empezó a aplicarse lo que quedaba.

- ¿Me vas a decir que es lo gracioso? – ya era hora de que dejara el misterio.

Alex volvió a sonreír y por un segundo Lena tuvo miedo que la risa se volviera imparable, pero esta vez la voz de la castaña salió sin parar – Vengo de ver a Maxwell – contó como si eso resolviera el enigma. Lena frunció el ceño cuando la castaña nombró a su novio, todavía no superaba a la Samantha totalmente borracha que se encontró en su propia oficina cuando volvió de hablar con Kara. Si no hubiera sido por la felicidad de la pelirroja probablemente Jess estaría en la calle por haber dejado que Samantha acabará con las botellas de champagne. Lo que sí hizo fue llamar a Alexandra inmediatamente y preguntarle porque Samantha no paraba de llorar y de balbucear que Alex ya no la amaba y que ahora iba a tener pequeños barbuditos y toda clase de cosas que solo se le escuchan cuando Sam está pasada de alcohol. Si no hubiera sido porque la bailarina le empezó a contar que se había formado una nueva leyenda en el estudio de tatuajes llamada "Los gritos de Lena", de lo cual la pelirroja no estaba para nada avergonzada y porque Alex le contó de la broma de los chicos a Kara acerca del cartel que le hicieron y de cómo Kara los despidió a todos, lo más probable es que Lena hubiera regañado a Alex por dejar a Samantha rodeada de botellas con la noticia de su noviazgo. Además que apenas la empresaria le contó de la cita con Kara, la bailarina empezó a hacer todo tipo de planes entusiastas para que salieran en una cita de a cuatro, a elegir vestimenta para la pelirroja y a expresar su enorme felicidad que dejó un poco enterrado el tema de Samantha.

Sem soja para tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora