La verdadera razón

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- ¡LEN! ¡KARA! ¡ALGUIEN VINO A VISITARLAS! – pelinegra y rubia giraron al llamado de la voz de Lillian.

- ¿Qui... - no terminó de preguntar cuando vio quien estaba parada al principio del jardín mirando la escena.

- ¡Andrea! – Kara estaba contenta.

- Maldición – Lena no estaba para nada contenta.

- Uuu... uuu...

Mientras Molly le seguía demostrando su más reciente aprendizaje a cada persona que se le cruzaba, incluida las bailarinas que esperaban por el diseño de Kara, un monstruo verde se despertaba de a poco en el interior de Lena.

- Pensé que iba a ser divertido verle la cara a mi hija – Lillian le comentó tanto a Alura como a Samantha que estaban a su lado en la puerta de casa - Pero ahora que lo pienso mejor, no me parece tan divertido – sacó mejores conclusiones luego de percibir la rabia que salía de los poros de su hija – Esa mujer no me cae para nada bien – agregó de mala manera.

- Había olvidado cuánto detesto a la perra esa – comentó Samantha señalando a la recién llegada – Algo se trae entre manos – dijo - ¡Alex! – No hizo falta que Samantha le dijera, la preceptiva bailarina ya estaba sacando a las tres pequeñas del jardín con ayuda de la hermana Ana y Cat.

- Y por la cara de Lena, ella la detesta mucho más que ustedes y yo juntas – esta vez fue Alura la que señaló lo obvio - ¿Cree que ya sabía que éramos los padres de Kara? – Samantha y Lillian la miraron, estaban tan ocupadas queriendo molestar a Lena, que no se habían dado cuenta de ese detalle. Andrea acababa de descubrir que los señores In-Ze tenían relación con las inversiones Arias Luthor.

- Por la cara de tu marido, él debe estar pensando lo mismo – Opinó Lillian. Tanto Archie como Lionel habían dejado de acosar a las bailarinas para acercarse a Lena como soporte de la pelinegra.

- ¡Dios! Se van a sacar chispas – Lillian señaló a Andrea Rojas y después a su hija – Parece que estuviéramos viviendo un duelo de miradas mortales – apuntó mirando como una ya erguida Lena enfrentaba desde la distancia a la dueña de la joyería que no se quedaba atrás con su postura desafiante.

- Bueno si la muy idiota se atrevió a venir hasta la casa de sus enemigos va a tener que soportar mucho más que un par de miradas – Samantha estaba que hervía y caminó con fuerza para juntarse con los dos hombres detrás de Lena. Alura y Lillian se miraron y después de varios segundos siguieron a la chica.

- ¡Andrea! – Kara se acercó a la elegante mujer con entusiasmo y hacía que el monstruo verde estirara sus brazos recién levantado y listo para iniciar batalla. Lena respiraba profundo y contaba hasta diez una y otra vez, su mirada nunca dejó a la mujer más grande.

– Tranquila Lena – sintió que el padre de su novia le murmuraba.

La pelinegra volvió a respirar hondo y se concentró en el dolor que aún emanaba su cuerpo por las cosas que su rubia había hecho con ella. Kara le había demostrado con cada embestida, con cada segundo que pasó besando su piel y con cada letras que formaba hermosas palabras que la amaba como a nadie y Lena no podía dejarse llevar por la simple presencia de esa idiota que para la pelinegra no era más que una vil estrategia en contra de sus inversiones. Pero para nada ayudaba a calmar los celos de la empresaria que la joyera luciera espléndidamente bien en un vestido blanco de tela ligera que destacaba las largas piernas. Mucho menos hizo para calmar al monstruo el hecho de que la sonrisa de Andrea se extendiera apenas vio a Kara llegar a abrazarla - ¿Qué haces... ¿Qué haces aquí? – preguntó Kara aún entusiasmada. El tono jovial de su novia hizo que el monstruo sacará sus uñas una por una.

Sem soja para tiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora