No soy tu protetora

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Al día siguiente – Oficina de Lena

Samantha entraba a la oficina que estaba junto a la de ella para tratar de calmar a su amiga. Había pasado media hora tratando de concentrarse en su trabajo sin prestarle atención a los gritos de Lena, pero hubo un momento que ya no los pudo aguantar y se levantó de su silla para ir a intervenir.

- ¡QUE SEA LA ÚLTIMA VEZ QUE ESTO PASA! – Enfrente de la pelinegra había unos siete empleados alineados con la cabeza agachada mientras Lena caminaba delante de ellos. Samantha entró y apoyándose en el escritorio de la chica se decidió a mirar, le encantaba cuando Lena perdía sus cabales. – NO LO VOY A PERMITIR – la pelinegra caminó hasta el escritorio y agarró un montón de papeles – Estos son sus currículos – agarró uno al azar y lo leyó – Secretaría ejecutiva durante tres años en Waterhouse Cooper, manejo de tres idiomas, bla, bla, bla – lo tiró al piso y agarró otro - Licenciado en manager de negocios con un doctorado en Yale, etc. Etc. – agarró todos los papeles y los cortó por el medio para después hacer una lluvia de papel con los mismos - ¿TODO PARA QUE ... ALGUNO CONTESTE... ¿Para qué Jess? – ordenó parándose enfrente de su secretaria privada.

La mujer subió la cabeza y buscó ayuda en Samantha, se dio cuenta que no la iba a encontrar cuando vio la sonrisa malévola en el rostro de la chica – Señorita Luthor... lo sentimos mu...

- La respuesta es... - volvía a su normal tranquilidad – Todo para que cuando su jefa se quiera tomar una aspirina y vaya a buscar agua para hacerlo y el dispensador esté vacío – contó el final de la cuestión.

- No es mi cul... – uno de los chicos quiso hablar pero la mirada de Lena se lo comió.

- Retírense – les dijo dándose vueltas hacia su escritorio. Ninguno de los empleados dudó un segundo en seguir la orden.

-¡OYE TU! – Samantha frenó a su propia secretaría, poco le importó que había caído en el reto de su socia – Michele...

- Es Marcel – la corrigió la chica.

Samantha giró los ojos – Michele

¿Qué te dije de la falda? – le preguntó haciendo que la joven mirara su vestimenta.

La chica se la desprendió y la subió unos cinco dedos por arriba de la rodilla - ¿Así está bien? – preguntó ruborizada.

- Camina hasta la puerta como te dije y después lo charlamos en mi oficina – le dijo la chica despidiéndola. La mujer hizo caso y salió agitando bien su trasero como le había enseñado Samantha.

- No tienes remedio Samantha – la reprendió Lena.

Samantha esperó a que todos los empleados salieran para mirar a su amiga que ya estaba sentada en su trono y con una lapicera firmaba papeles – Oye Lee, no es que me moleste, porque tú sabes que cuando se trata de torturar gente, a mi me encanta, Pero ¿Qué demonios pasa contigo hoy? Nunca en mi vida te había visto perder los cabales tantas veces en un mismo día – agregó.

La pelinegra soltó la lapicera bruscamente para después agarrarse la cabeza y apoyar sus codos en el escritorio – Dime que tú estás tan preocupada como yo Sam. Son las seis de la tarde y aun no sabemos nada – soltó de repente.

La chica suspiró y caminó hasta el sillón que Lena tenía en su oficina - ¿Por la rarita? Por supuesto que sí – le aseguró una vez sentada – Pero Lena no podemos...

La pelinegra salió de su posición y se paró nerviosa para caminar por su amplia oficina - No me digas nada Sam, ¿cómo carajo se nos ocurrió dejarla ahí? Tendríamos que haber hecho algo. No apareció en toda la noche – le dijo.

Sem soja para tiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora