Los rayos de sol se infiltraban por las ventanas de la habitación.
—Joder, que molestia. —balbuceó Tony aún con los ojos cerrados—. Muero de sed.
Al instante, el Omega sintió como los brazos que lo tenían apresado, se movían y salían de la cama con cuidado.
—Me siento abandonado. —bromeó Tony somnoliento.
Después de unos minutos, Tony sintió un pequeño beso en la mejilla.
—Despierta, Stark. Nadie te ha abandonado. —dijo una voz familiar, en su oído—. Te traje un poco de agua.
Tony abrió los ojos, apreciando la escena más caliente de su vida.
Steve, su Alfa. Se encontraba completamente desnudo al frente suyo con un pequeño vaso de agua en las manos.
No pudo evitar sonreír, coqueto.
—¿Dónde tengo que beber, Rogers? —preguntó Tony relamiéndose los labios.
Una suave risa se escuchó por la habitación.
—Espero que puedas seguir teniendo un buen humor, cuando logres pararte. —respondió el Alfa tocando con cariño la mejilla del contrario.
El Omega rodó los ojos y se dispuso a levantarse.
—¡C-carajo! ¡Madre mía! —ahogó un gemido Tony, cerrando los ojos ante el pequeño movimiento—. ¿No hubo ni un poco de compasión, Rogers? Siento que fui partido por la mitad.
El mencionado lo miro avergonzado.
—Lo siento, Tony. —se disculpó Steve nervioso—. Han pasado cinco días desde que comenzó mi celo y yo recién pude recobrar la consciencia hace un momento. Además-...
—¡¿Cinco días?! Ay, mierda. —exclamó Tony incrédulo, sintiendo un dolor punzante en la parte baja de su cadera—. Con razón, siento que fui molido a golpes. ¿Sabías que el celo de un Alfa dura aproximadamente un día o dos? Has hecho un record, Rogers.
—No lo sabía, en serio. No estaba preparado. —dijo Steve con culpabilidad—. Perdóname...
Anthony soltó un suspiro.
—Eso no importa. —cortó el Omega mirándolo directamente—. ¿Te acuerdas de lo que pasó? Al menos, de lo más importante.
«Vamos, no te arrepientas. Por favor» pensó Tony cerrando los ojos.
—Hay muchas cosas borrosas, quizás es porque estaba cegado por el celo. —respondió Steve acercándose—. Pero, al comienzo... Cuando nos enlazamos. Lo recuerdo perfectamente.
Anthony volteó a verlo, sorprendido.
—¿En serio?
—Sí y no me arrepiento de haberte convertido en mi compañero. —dijo levantando el rostro del Omega—. Ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, Stark.
El mencionado sonrió, sintiendo una calidez expandirse dentro de su pecho.
—Además, estuve pensando antes de que despertarás. —continuó Steve con una sonrisa nerviosa—. Quizás, sea momento de contarte algunas cosas de mi pasado.
Tony se removió, impresionado.
—¿Lo harás?
—Sí, eres mi pareja. —dijo decidido—. Debes saberlo.
Anthony se acomodó entre las sábanas, sin dejar de abrazar al rubio. Era el momento.
—Sin presiones, cap. —animó el Omega con una sonrisa—. Cuéntame hasta donde te sientas preparado.
«Aunque no voy a negar que estoy muriendo de la curiosidad» pensó Tony tratando de calmar sus nervios.
No sé podía imaginar como se encontraría en esos instantes, el Alfa.
—Okey, es mejor que sea directo. —dijo Steve con un suspiro—. ¿Quieres saber cómo me convertí en un Delta?
[...]
«Quiero ir a contarle a Bucky» pensó Steve emocionado.
El doctor Esrkine le había dicho que el proyecto no era del conocimiento público, sin embargo podría comentarle a sus personas más allegadas.
«De seguro, no me va a creer» pensó el Alfa con una sonrisa tímida.
Por fin, ayudaría a su Patria como tanto había deseado.
—¡Oye! ¡Rogers! —exclamaron a su atrás—. ¿A dónde se dirige un niño a estás horas?
—¡Es muy peligroso que estés solo por estos lugares, pequeño..!
«No les hagas caso. Solo quieren molestar» le dijo su Lobo interior.
Steve apresuró el paso, tratando de dejar atrás a los compañeros de su pelotón que nunca dejaban de molestarlo. ¿No sé cansaban? ¿Por qué seguían haciendo sus días imposibles?
—¡Hey! ¡Te estamos hablando, mocoso de mierda!
«Solo ignóralos» volvió a repetirse Steve.
—Ash, ya déjenlo. —habló uno de los Alfas—. Mejor, hay que irnos a divertirnos con la linda Omega que atrapamos.
—¡Sí! ¡Pero, hay que turnanos! —bromeó otro con diversión—. Nunca creí que esa niña estúpida caería en la trampa de venir a los barracones por unas tontas cartas de amor que mandamos.
Steve paró su caminata.
—¿Qué dijiste? —preguntó, volteando hacia los Alfas que parecían irse.
—¡Oh, miren quien se digno a hablarnos! —exclamó el más alto—. ¿Qué pasa, niño? ¿También quieres divertirte?
El grupo de Alfas sonrió con burda. Eran en total 6 hombres. Todos eran de complexión grande y robusta.
«¿Piensan abusar de una Omega entre ellos?» pensó Steve con repulsión y horror.
—¿Dónde tienen a la Omega? —preguntó el rubio con los puños apretados—. Son unos bastardos asquerosos.
Uno de los Alfas, ladeó la cabeza.
—¿Qué dices, niñato de mierda? —preguntó acercándose—. Métete en tus asuntos, antes que pierda la paciencia.
Steve negó con la cabeza.
—¡No pueden hacer eso! —exclamó con impotencia—. Si no la sueltan, le-... le diré al instructor.
Los Alfas borraron las sonrisas de sus rostros.
—Estás cruzando tu límite, Rogers. —dijo un Alfa cerca suyo—. ¿Crees que serás capaz de llegar hasta el instructor?
—¡Sí, mejor cierra la boca! —añadió otro.
—Es tan gracioso, este mal intento de Alfa.—bromearon los demás—. Hay que darle una lección, para asegurarnos que no dirá nada.
El más alto de los Alfas, se acercó mirando de manera extraña a Steve.
—Creo, que podríamos hacer algo mejor. —dijo el mismo Alfa—. ¿No pediste que soltemos a la Omega, Rogers? ¿Qué nos darías a cambio?
—¡Oye..!
—Shh. —cortó el Alfa con una sonrisa torcida—. ¿No crees que si nos quitas la diversión, deberías compensarlo de la misma manera?
Steve apretó aún más los puños, sintiendo una pequeña sensación de peligro.
—¿Qué tratas de decir? —preguntó retrocediendo.
—Ya sabes... Déjanos divertimos contigo y no le haremos nada a la Omega. —susurró el Alfa en su oído—. Siempre pensé que eras demasiado delgado y pequeño para ser uno de nuestra casta, Rogers... Quizás te guste.
—¡Vete al demonio! —exclamó Steve alejándose con miedo.
—¡Atrapenlo! —exclamó el mismo Alfa hacia los demás—. Él será mucho más entretenido.
«¡No! ¡Tengo que irme de aquí!» pensó Steve tratando de correr, antes de sentir un golpe en la cabeza.
—Por favor... no. —sollozó antes de desmayarse.
[...]
—Para... No sigas. —cortó Tony llorando sin poder controlarse.
«Siento un dolor en el pecho. Es tan asfixiante» pensó Tony tocando su marca.
—Lo siento. Es porque estamos enlazados. —dijo Steve con una lágrima en la mejilla—. Son mis emociones las que te abruman, perdóname.
Anthony negó con la cabeza.
—Deja de disculparte. —habló el Omega frunciendo el entrecejo con tristeza—. No puedo ni imaginar con lo que has estado viviendo.
Steve soltó un suspiro, tratando de despejar su mente.
—Es algo que jamás podré superar. —confesó el Alfa mirando hacia el techo—. Pero, creo que aprendiendo a sobrellevarlo y es gracias a ti.
—¿Qué...?
—Es verdad. —sonrió Steve volteando a mirarlo con cariño—. Gracias a tu apoyo incondicional, las sesiones de terapias que me recomendaste y el simple hecho de tenerte a mi lado. —pausó para depositar un beso en los cabellos del Omega—. Has hecho que vuelva el sentido a mi vida.
—Steve... —llamó Tony con un hilo de voz—. ¿Qué voy a hacer contigo? Te quiero encerrar en una cajita y protegerte de todo lo malo del mundo.
El mencionado negó divertido.
—¿Sabes que no puedes hacer eso, verdad? Al menos que nos encerremos los dos.
Tony se rió entre lágrimas.
—En serio, que voy a hacer contigo. —susurró acurrucándose en el pecho del Alfa—. Gracias por contarme esto y no entrar en crisis. Le diré al psicólogo que has avanzado mucho en estos últimos días.
Steve asintió, envolviendo con sus brazos al Omega.
«Gracias por entrar a mi vida, Tony»
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Delta ∆
Fan-FictionSteve ha guardado un gran secreto dentro de su corazón, casi imposible de sanar. Sin embargo, ha llegado a su vida una inesperada persona que está dispuesta a borrar aquellas marcas que tanto lo han lastimado. ¿Será capaz de salir del infierno que...
