El hombre que se convirtió en Dios

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Más tarde, mientras la lluvia seguía cayendo sobre la Aldea Oculta de la Lluvia, Jiraiya permanecía de pie sobre una plataforma metálica, observando el paisaje gris que se extendía ante él. El sonido constante de las gotas golpeando los edificios era casi hipnótico, pero su mente estaba lejos de encontrar tranquilidad.

Frente a él, una pequeña rana alargada lo observaba con evidente preocupación.

—Idiota. Por años, el Kyūbi ha sido considerado una catástrofe natural que aparece cuando la maldad humana alcanza cierto nivel. Sin mencionar que no existe ningún mortal capaz de invocarlo —dijo la rana con firmeza.

Jiraiya cruzó los brazos y esbozó una leve sonrisa.

—Eso sería cierto... si no hubiera encontrado ciertas pistas.

La rana lo miró con atención.

—¿Pistas?

—Hace años pensé lo mismo que todos los demás. Que fue simplemente una desgracia. Una calamidad inevitable. Pero mientras más investigaba, más cosas dejaban de encajar.

La expresión de Jiraiya se volvió seria.

—El ataque ocurrió de manera demasiado conveniente. Demasiado precisa. Como si alguien hubiera dirigido toda aquella destrucción.

La rana permaneció en silencio.

—Y ahora que sé de la existencia de Akatsuki... y de los extraños movimientos que han ocurrido en los últimos años... ya no puedo ignorar esa posibilidad.

—Siguen siendo simples sospechas.

—Lo sé.

Jiraiya levantó la vista hacia el cielo oscuro.

—Pero Minato no era un hombre que actuara sin pensar. Cada decisión que tomó aquella noche tuvo un propósito.

Recordó el rostro de su antiguo alumno.

Minato Namikaze.

Brillante, amable y capaz de mantener la calma incluso en las peores situaciones.

—Él sabía algo —murmuró Jiraiya—. Algo que yo todavía no logro comprender por completo.

La rana soltó un suspiro.

—Y por eso quieres confiarle ese poder a Naruto.

—Exacto.

El Sannin sonrió levemente.

—Naruto puede parecer un cabeza hueca la mayor parte del tiempo, pero posee algo especial. Algo que ni siquiera él entiende todavía.

—Eso no cambia el hecho de que el poder del Kyūbi es peligroso.

—Claro que lo es.

Jiraiya apoyó una mano sobre la cabeza de la rana.

—Pero también es un poder que algún día podría ser necesario.

La rana guardó silencio durante varios segundos.

—Aun así, no me gusta esto.

—Ni a mí.

Por primera vez desde que comenzó la conversación, Jiraiya dejó escapar una pequeña carcajada.

—Créeme, preferiría estar espiando baños termales.

—Eso sí suena más propio de ti.

—¿Verdad?

La rana negó con la cabeza.

—Sigues siendo un idiota.

—Y tú sigues siendo demasiado serio.

Mi Nueva Vida Parte ll - (Remake)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora