El verdadero rostro de Sasori

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—¿Por qué tardaron tanto? —preguntó Kankuro, con evidente molestia.

Temari lo miró de reojo, agotada.

—Regresamos tan pronto como pude. Y además… fue tu culpa por no enviar sustitutos a tiempo. Ese era tu plan y te deslindaste de él.

Kankuro chasqueó la lengua.

—Me encargué de tu egoísta solicitud pese a haber estado hospitalizado injustamente. No es como si te veas muy agradecido que digamos. Bueno… ¿nos vamos?

Temari suspiró.

—Sí.

—Sí, señor —añadió Matsuri.

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Dentro de la caverna, el combate no daba tregua.

—¿Todavía se puede mover? —pensó Sakura, observando con tensión la cabeza de Hiruko en el suelo.

De pronto, la cabeza se elevó sola.

Giró en el aire con un zumbido mecánico, liberando una lluvia de senbon en todas direcciones.

—¡Cuidado! —exclamó Chiyo.

Chiyo realizó una rápida secuencia de sellos con una sola mano, obligando a Sakura a moverse con precisión para esquivar cada aguja que se acercaba.

Las senbon se clavaron en las rocas y el suelo, llenando el área de impactos.

—Bien jugado… —dijo Sasori desde la distancia—. No esperaba menos de mi abuela. Incluso una niña como esa logró evadir mi ataque.

Su voz era calmada, casi fría.

—Puedes anticipar mis movimientos, anciana… y además controlas a la niña con hilos de chakra usando el Jutsu de Títeres.

Sakura apretó los dientes.

(Ya lo sabe…)

Pensó.

Sasori continuó, con tono analítico:

—Por cierto… fue bastante astuto atar también hilos de chakra a la cola de Hiruko. Me tomó por sorpresa. Lo noté cuando dejó de moverse de repente… en el momento en que lanzaste esos kunai. Los hilos se engancharon a su cola cuando desvié el ataque.

Chiyo entrecerró los ojos.

—Incluso con el mínimo de chakra para no ser detectados… lograste verlos.

—Por supuesto —respondió Sasori con frialdad—. ¿Recuerdas quién me enseñó a jugar con marionetas? ¿Quién me inculcó este arte?

Lentamente, Sasori tomó su capucha.

—Fuiste tú.

Chiyo no respondió.

—Pero el juego… se terminó —dijo ella al fin.

—Tienes toda la razón —respondió Sasori.

Con un movimiento lento, se quitó la capucha.

El aire pareció congelarse.

Sakura se quedó sin palabras.

—Entonces… ¿él es el Sasori real? —susurró.

Chiyo lo observó con los ojos abiertos, incrédula.

—Tu rostro… es el mismo. No has envejecido.

El joven frente a ellas tenía apariencia juvenil, casi inalterada por el tiempo.

(No puede ser…) pensó Sakura, sorprendida. (Se supone que abandonó la Aldea de la Arena hace casi treinta años… no puede verse así.)

—Mil veces maldito… —murmuró Naruto con rabia contenida.

Mi Nueva Vida Parte ll - (Remake)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora