Las lágrimas del Jinchuriki

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Las explosiones seguían resonando en distintos puntos de la Aldea de la Arena. El humo se elevaba entre las construcciones mientras varios shinobi recorrían el campo de batalla revisando escombros y cuerpos con extrema cautela.

—Hay otro papel bomba por acá —avisó un ninja al levantar una roca parcialmente destruida.

Debajo de ella había un sello explosivo conectado a un fino hilo metálico.

—Estallará justo cuando se despegue. Vamos a tener que detonarlo —dijo otro shinobi mientras observaba el mecanismo con seriedad.

—Entendido.

El ninja dio un paso al frente y levantó la voz para alertar a todos.

—¡Detonaremos un papel bomba! ¡Dejen lo que están haciendo y protéjanse!

Los presentes se apartaron rápidamente. Algunos se cubrieron detrás de muros dañados mientras otros formaban barreras defensivas.

—¿Listo? —preguntó uno de ellos.

El otro asintió.

Sin perder tiempo, jaló el alambre.

La explosión retumbó por toda la zona, levantando una enorme nube de polvo y arena que cubrió momentáneamente la calle destruida.

Mientras tanto, en el edificio del consejo, varios ancianos y altos mandos discutían con tensión evidente. El ambiente estaba cargado de preocupación.

—Creo que es momento de considerar la opción de un nuevo Kazekage —declaró uno de los consejeros con voz grave.

El silencio se hizo presente por un instante.

—Yo solo aprovecho el momento para decir que debemos estar preparados para afrontar el peor escenario —añadió otro hombre, acomodándose las vendas de uno de sus brazos.

Un tercero golpeó la mesa con fuerza.

—¡Lo que importa ahora es encontrar al Kazekage y traerlo de vuelta!

—Nuestra prioridad es la seguridad de la aldea, y nuestras fuerzas se han visto reducidas —respondió el otro con frialdad.

—¿Acaso está loco? —preguntó indignado uno de los presentes.

La discusión aumentó rápidamente de tono.

—¡Gaara sigue vivo!

—¡No lo sabemos!

—¡No podemos abandonar a nuestro Kazekage!

—¡Y tampoco podemos condenar a toda la aldea por una decisión emocional!

Las voces se mezclaban unas con otras, creando un caos imposible de controlar.

Sin embargo, fuera de aquella sala, entre el polvo y las ruinas dejadas por la batalla, había personas que todavía mantenían la esperanza.

Porque para la Aldea de la Arena, Gaara no era solo el Kazekage.

Era alguien irremplazable.

El viento soplaba con fuerza mientras el caos seguía extendiéndose por la Aldea de la Arena. El sonido de herramientas, explosiones controladas y órdenes militares llenaba cada rincón de la entrada principal destruida.

Minutos después, un ninja apareció frente a Baki y se inclinó respetuosamente.

—Disculpe. Reporte, señor. Descubrimos trampas enemigas entre los escombros que bloquean la puerta. Estamos en proceso de detonarlas. Sin pérdidas, afortunadamente. Pero los explosivos han causado que parte de la entrada se colapsara. Repararla nos quitará medio día más de lo anticipado.

Mi Nueva Vida Parte ll - (Remake)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora