El equipo diez

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—Asuma… —murmuró Kakashi, con una voz más baja de lo habitual.

El nombre cayó en el ambiente como una piedra.

—Tío Asuma… —susurró Konohamaru.

Sus ojos se llenaron de lágrimas casi de inmediato.

En otra zona del lugar, Ino avanzaba con rapidez, mirando a todos lados, desesperada.

—¿Dónde está Shikamaru? —preguntó con urgencia.

Choji, a su lado, tragó saliva.

—Pensé que su mamá dijo que ya había salido…

—¡Shikamaru! —llamó una voz de mujer desde la calle.

El Nara apareció caminando con calma, como si nada hubiera cambiado en el mundo.

—Hola —saludó con normalidad.

La mujer sonrió al verlo.

—No te veía hace tiempo. ¿Has estado ocupado?

—Sí —respondió él, sin detenerse.

Ella juntó las manos, amable como siempre.

—Vuelve a visitarme. Salúdame a Asuma-sensei y a Choji. Ah, y dile a Asuma que aún tiene que pagar su cuenta.

Shikamaru se detuvo.

El aire pareció endurecerse alrededor de él.

—Asuma está… —empezó a decir.

La mujer lo miró, confundida.

—¿Qué?

Silencio.

Shikamaru bajó la mirada apenas un poco.

—Murió en cumplimiento del deber.

El mundo pareció detenerse.

La expresión de la mujer se quebró lentamente.

—Entonces… el que murió ayer… —susurró— no puede ser…

Sus piernas flaquearon.

Las manos le temblaron.

Y las lágrimas comenzaron a caer sin control.

Shikamaru no se movió.

No apartó la mirada.

No dijo nada más.

Solo permaneció ahí, firme por fuera… mientras por dentro algo se rompía en silencio, sin ruido, sin escape, sin posibilidad de retroceder.

Más tarde, en la residencia Nara, la noche había caído con una calma engañosa.

El interior de la casa estaba iluminado por una luz cálida, pero el ambiente se sentía distante, como si nadie realmente perteneciera a ese lugar en ese momento.

—Shikamaru… la cena ya casi está lista —dijo la madre del chico desde la cocina.

—Está bien… no tengo hambre —respondió él sin levantar la vista.

Hubo una breve pausa.

—Shikamaru —llamó otra voz, más firme—. Ven conmigo un momento.

Era Shikaku Nara.

El joven obedeció sin protestar.

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Minutos después, ambos se encontraban en una habitación silenciosa, frente a un tablero de shōgi.

Las piezas estaban dispuestas con precisión, como si el juego hubiera comenzado mucho antes de que ellos se sentaran.

Shikaku movió una pieza con calma.

Mi Nueva Vida Parte ll - (Remake)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora