Lazos

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—Ahí estás —diría el saiyajin.

Sentado en posición de loto sobre la rama de un árbol, el azabache mantenía los ojos cerrados mientras meditaba. El viento agitaba suavemente sus cabellos negros, y el bosque permanecía en calma… hasta que un ki familiar irrumpió en su percepción.

Un kunai silbó detrás de él.

Sin siquiera abrir los ojos, inclinó apenas la cabeza hacia un lado, dejando que el arma pasara de largo. Sin embargo, aquello solo había sido una distracción.

—¿Podrías concentrarte en nuestro entrenamiento? —reclamó Ino con evidente molestia.

La rubia apareció detrás de él y le conectó un golpe que lo mandó directo al suelo.

—¡Auch! —se quejó el Son mientras se levantaba sobándose la cabeza—. Lo siento. Sé que les dije que les ayudaría a entrenar, pero tardan demasiado en crear un plan de ataque y me aburro bastante.

Ino lo miró con los brazos cruzados.

—Perdón, ahora sí regresemos a lo nuestro —continuó el saiyajin con una sonrisa despreocupada—. Vuelvan a ocultarse y yo los esperaré aquí, ¿bien? Ok, vamos.

Mientras el equipo volvía a internarse entre los árboles, Omar bostezó ligeramente y observó el cielo.

Muy lejos de allí, la tranquilidad del País del Fuego estaba a punto de romperse.

—¡Todos a babor! —ordenó un hombre desde la cubierta de un enorme barco.

—¡Pilotos, prepárense para despegar! —gritó otro sujeto enmascarado.

Los tripulantes tomaron sus armas y comenzaron a subir mediante elevadores metálicos instalados en la embarcación. Una vez arriba, se colocaron pecho a tierra sobre unas extrañas plataformas.

Mecanismos ocultos se activaron.

Las estructuras se dispararon hacia el cielo y, en cuestión de segundos, desplegaron alas mecánicas cubiertas de chakra. Los hombres comenzaron a planear en formación rumbo a una enorme isla: el País del Fuego.

De vuelta en el bosque, Omar observaba a los jóvenes ninjas luego de otra ronda de ataques fallidos.

—Muy bien, chicos. Lo hicieron bien —comentó el azabache—. Ino, piensas demasiado tus movimientos al atacar y eso deja varios puntos libres. Debes evitar que tus enemigos noten esa debilidad… porque en lugar de un golpe, recibirás una herida mortal.

La kunoichi chasqueó la lengua con molestia.

Antes de poder responder, Choji señaló hacia el cielo.

—Oigan… ¿qué es eso?

Todos levantaron la mirada.

Decenas de figuras descendían desde las alturas sobre extraños planeadores oscuros.

—No lo sé… —murmuró el saiyajin mientras fruncía el ceño—, pero siento varias energías viniendo de esas cosas.

Uno de los sujetos dejó caer una bomba.

La explosión destruyó un edificio a la distancia y una columna de humo comenzó a elevarse hacia el cielo. Poco después, más bombas comenzaron a caer por toda la zona, poniendo en peligro a incontables civiles.

Los ojos de Omar se abrieron con sorpresa.

—Ay, no… Caro me hizo leer algunos libros y en ellos salían los nazis —dijo mientras observaba la formación enemiga—. Y si ella dice que existen dimensiones donde ocurren cosas parecidas… entonces estos sujetos deben ser los nazis de este mundo.

Mi Nueva Vida Parte ll - (Remake)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora