Histeria nupcial

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Tal vez no lo necesitaba tanto como en un principio, pero me había puesto a entrenar. Frente a mi estaban 3 pilares de hielo que levante para utilizar como blanco, eran del tamaño de un poni y tenían el suficiente grosor como para aguantar sin derretirse inmediatamente, en ese momento no estaba usando ninguna transformación mágica, sobrenatural o futurista, solo era yo con el aspecto de un vaquero y 2 revólveres de culatas de sándalo en las manos.

Tenía mis ojos sobre los objetivos y repetí el mismo credo que alguna vez pronuncio el dueño original de dicha forma, Roland Deschain.

En cuanto termine de recitar aquel credo cuyas palabras desprendían cierto aire de dignidad y honor, o al menos así lo veía yo; descargue una lluvia de balas sobre el hielo y este se hizo pedazos

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En cuanto termine de recitar aquel credo cuyas palabras desprendían cierto aire de dignidad y honor, o al menos así lo veía yo; descargue una lluvia de balas sobre el hielo y este se hizo pedazos.

Haber realizado todo este ritual, aunque pareciese innecesario, en realidad era una forma de consolarme a mí mismo. Me había hecho a la idea de que Van Der Wall me obligaría a matar a más ponis y la única manera de aceptar dicha idea fue a través de las palabras del pistolero, pues en las mismas encontraba una especie de refugio, una sensación reconfortante y cierta belleza (pero no porque me apasionara la idea de matar inocentes), aunque sabía que nunca le llegaría a los talones al último pistolero de Gilead.

Gracias a esto y a mis encuentros con Luna fue que pude volver a dormir tranquilo aun cuando seguía encerrado, sí la culpa de haber matado seguía molestando como un fantasma, pero era eso, un fantasma y ya no me atormentaba con la misma intensidad, era casi como un mal sueño. Pero días después y al otro lado del mundo algo paso.

En aquella misma montaña adyacente a Canterlot se encontraba la reina Chrysalis junto con unos cuantos de sus lacayos, acorralando a uno de sus prisioneros quien estaba al borde del abismo, aquel soldado era incapaz de mantenerse en pie por todas las heridas que tenía y lo único que podía hacer era mirar con odio a sus captores.

- Tuuuuu... nunca... te saldrás... con la tuya cucaracha rastrera. - Le costó formular esa oración al abatido soldado, probablemente por alguna costilla rota o algo por el estilo.

- Awwww, me parece muy tierno tu optimismo, pero me temo que tus esperanzas son inútiles e infundadas. - Chrysalis se le acerco y pego una nota en el pecho del poni. - En fin, ahora que nos colamos en su territorio solo habrá que aislarlos y para cuando mis súbditos lleguen, toda la ciudad estará rodeada y no podrán escapar. Una pena que no podrás advertirles, pero sí que serás un buen mensajero.

- ¿Que? - Fueron las últimas palabras del unicornio.

No hubo ninguna advertencia o señal, Chrysalis simplemente le disparo con suficiente fuerza para que el soldado saliera volando varios metros por el aire y cuando la gravedad hizo lo suyo este se precipito en caída libre. Todo el dolor que recorría su cuerpo le hicieron imposible el pensar con claridad para poder usar su cuerno y salvarse y no fue más que cuestión de segundos para que el soldado tocara el suelo y la vida abandonara su cuerpo. La escena era grotesca, una enorme mancha de sangre se esparció por el pavimento y parecía como si un poco de sus entrañas hechas pedacitos se le hubieran salido con el impacto.

Changeling rebirthHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora