Monstruos, mentiras y verdades

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- ¿Dices que esto me ayudará con el problema de los cambiantes? – Preguntó la princesa Celestia sosteniendo lo que parecía ser una esfera de cristal con humo carmesí adentro.

- Por supuesto, ya lo he probado y le garantizo que la lavanda roja es completamente funcional, además, le dejé una receta extra para que pueda experimentar con ella usted misma.

- Muchas gracias señor Van Der Wall. Ha hecho una gran contribución a Equestria.

- No fue nada majestad, me gusta ayudar en nombre del progreso, pero me tengo que ir. Ya tengo mis propios planes que cumplir y lugares que visitar, pero fue un placer hacer negocios con usted.

- Lo mismo digo. – El unicornio habría desaparecido con un hechizo de teletransportación y Celestia se puso a pensar como usaría esa nueva arma para acabar con los cambiantes y recuperar el imperio de cristal.

Zane aparecería en las ruinas del viejo castillo de las 2 hermanas, donde habría montado un laboratorio provisional, dejó la bolsa que le había dado Celestia en una mesa y esta sonó como si cientos de piezas de metal se golpearan entre sí.

Al meter un casco en la bolsa Zane sacó un collar dorado con una lámina de metal colgando de ambos extremos de una cadena, dicha lamina tenía grabada el dibujo del cuerno de la reina Chrysalis en el centro. El unicornio se lo puso y siguió las instrucciones de la princesa del sol para poder usarlo. El accesorio no tardó en brillar de color verde y las icónicas llamas que cubrían a los cambiantes cada vez que se transformaban aparecieron en sus cascos para irlo envolviendo rápidamente y luego apagarse.

Al mirar sus propios cascos Zane se dio cuenta que estos eran de diferente color, de un azul pálido; y no solo eso, eran más delgados y largos. Buscando una superficie reflejante Zane se encontró con que ya no tenía el mismo cuerpo que había conocido durante años y ni siquiera conservaba su crin o cutie mark, sino que era un pegaso. Solo para asegurarse de que Celestia no se equivocaba, Zane batió sus alas y tal como se lo dijeron, no pudo volar. Ese era un problema de los collares: Hasta el momento Celestia no había podido descifrar como hacer que los ponis lograran usar la magia cambiante del mismo modo en el que lo hacían los insectos, por lo que eso solamente era un disfraz muy bonito y convincente, pero al menos era un comienzo.

Regresando a Equestria (la que se estaba disolviendo entre brechas), los cambiantes de Thorin estaban replicando los supresores a un ritmo insólito, en cuanto un supresor era completado, independientemente de la forma en la que se fabricaba; un cambiante lo tomaba para salir corriendo como un velocista y arrojarlo a una brecha. Con este panorama Thorin pensó que todo pronto iba a acabar y que regresaría a su Equestria para seguir viviendo como el rey de su colmena.

Quisiera decir que tenía el mismo buen ánimo de Thorin, pero la verdad es que mi cabeza era un desastre. Parecía como si a cada segundo una voz diferente naciera de mi subconsciente y me dijera que hiciera algo antes de que mi madre se diera la vuelta, pero las ordenes más comunes eran: "da la vuelta", "corre" y "quédate".

Antes de que pudiera tomar una decisión, mi mamá ya se había dado la vuelta y quedamos cara a cara.

El refugio era considerablemente ruidoso al estar repleto de humanos y ponis, pero desde mi perspectiva se produjo un silencio absoluto. Antes de que pudiera decir cualquier cosa le di un abrazo a mi madre, era firme, pero no estaba usando fuerza en exceso como para lastimarla, sino que solo quería asegurarme de que estuviera ahí y que no fuera solo mi imaginación.

- Realmente eres tú... – Se decía mi madre a sí misma en voz alta.

- Si. soy yo. Los extrañe tanto. – Una lagrima se escurrió de mis ojos y después de un rato nos separamos para que pudiera abrazar a los 2 integrantes restantes de mi familia.

Changeling rebirthHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora