capítulo 14 -Preparación-

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Abrí con lentitud mis ojos como todos los días, imaginándome que era mi habitación a la que tanto extrañaba. No enfocaba las luces del techo, me sentía sedada y no traté de pararme hasta que se me bajara ese ligero mareo. 

Poco a poco fue quitándose y obtuve una mayor visión. En definitiva no era el dormitorio, ni siquiera podía reconocer la sala en la que me situaba. Me intenté levantar y un dolor de cabeza se hizo presente, impidiendo que me sentara. Me recosté aun más confundida con cierto quejido por el dolor. 

—No lo intentes, el dolor no se quita y es insoportable.

Extrañada giro mi cabeza y me seguía pasando lo mismo. 

—Cualquier movimiento te lo provoca.

—¿Quién eres?—interrogo.

—Soy paciente también y estoy en una camilla como tú. No creo que podamos dar nuestras identidades todavía, sugiero que esperemos las instrucciones ya sabes lo que nos puede pasar. 

Recuerdo lo que Sandell nos indicó A Ocho ocho y a mí. Me rendí a querer sentarme. 

—Está bien, es razonable. ¿Nada más estamos tú y yo?

—Tengo entendido que sí. Fui el primero en despertarme y descubrí que no me podía sentar. Luego escuché que te quejaste, deduje que serías otra como yo.

—Espera, espera, espera—toco mi cabeza pensando lo que pasó antes de dormir—¿SIGNIFICA QUÉ ESTO ES EL EXAMEN?

—Shhh...guarda silencio, que harás que me duela la cabeza de nuevo.

Avergonzada cubro mi cara con mis brazos, necesitaba respuestas. No quería que esto fuera un sueño y me quedara dormida sin ir al lugar que nos indicaron. Desde hace un mes me pasaban estas situaciones sin saber cuál es la verdadera realidad. Esperamos por otros largos diez minutos, hasta que escuchamos otra voz con quejidos iguales a los míos.

—Joder ¿Porqué no me puedo parar?—se escucha unos forcejeos en la camilla. 

—Nos encontramos en la misma situación, no vas a poder girar tu cuerpo o te dolerá más la cabeza.—explica el primer desconocido. 

Me quedé en silencio, no soportaría que me callara de nuevo o me enojaría más. 

—Tengo que llegar al examen o se me hará tarde. 

—Parece que es esto.

— Y ¿Nos tenemos que desatar con la mente o qué?

La otra persona hace un bufido cansado de explicar.

—Debemos esperar las instrucciones—respondo con casi un susurro.

Nadie volvió hacer otro comentario y hubo una suspensión de sonido. Así fueron durante otros veinte minutos con dos personas que despertaron igual de desconcertadas que nosotros. Había unas voces se me hacían familiares pero no lograba identificarlas. En total, éramos cinco personas encerradas en una sala pegados a una cama, sin poder mover nuestros cuerpos. Se cumplió la hora estando acostados, daba una sensación de incomodidad. Algunos susurraban que no aguantaban el sueño y el miedo les invadía si cerraban los ojos.

Una alarma sonó por todo el lugar y una bocina se encendió. 

—Buenos días pacientes, espero que se encuentren entusiasmados para comenzar el examen. El sonido que se acaba de escuchar es que fueron desposados de unas cadenas mentales que les colocamos para que no se movieran de su camilla hasta que lo indicáramos. Como verán, hay cinco en la misma habitación. Cada uno de ustedes ha trabajado con un sentido en particular, donde ya hay una experiencia y un avance de por medio. Tendrán que trabajar en equipo, porque  necesitan utilizar los sentidos para esta supervivencia, nada de dejar a alguien excluido. Una vez que termine de hablar, van a observar que al lado de su cama encontrarán una mochila con ciertos instrumentos y ropa que serán útiles para su trayecto. Van a tener otros diez minutos para conocerse, presentarse con sus compañeros y revisar sus mochilas. Luego esperarán a que nuevamente les demos órdenes. Hasta entonces. 

Experimento PentagonalDonde viven las historias. Descúbrelo ahora