Han pasado cuatro días después del preliminar que hicimos. El mejoramiento sensorial auditivo que ha estado teniendo nuestro equipo de cinco personas había sido sorprendente. Al parecer los estudios a los que fuimos sometidos mucho antes de que nos seleccionaran dieron justo en el blanco. El fuerte para nosotros de nacimiento era la audición. Aunque no se le quita la dificultad a las pruebas que estaremos haciendo diariamente.
Nuestros reflejos han incrementado desde que comenzamos y ya podemos alcanzar a percibir sonidos desde un punto más lejano.
Me formaba en la fila para entrar. Veinte y yo, siempre éramos de las primeras en estar listas. Nos bañábamos con cierta velocidad, puesto que solo debíamos hacer eso. Estaba prohibido maquillarnos y hacernos arreglos estéticos innecesarios, ya que esto podría traer consecuencias o algún efecto secundario a nuestros resultados.
Ataba mis agujetas con doble moño, ya que se desamarraban fácilmente. Veinte estaba sentada en el suelo al lado de mí con sus pies recogidos. Faltaban todavía diez minutos para que nos dejaran pasar.
—¿Crees que ya nos pongan cosas más interesantes?—hacía garabatos en el piso mientras me preguntaba.
—Apenas vamos a cumplir una semana en este lugar, no creo que vayan tan apresuradamente. Hay personas que aún no se acostumbran.
—Tienes razón.
Recordamos cómo una chica cuyo nombre es cincuenta y cuatro, de rostro redondo, cabello rubio y ondulado, ojos verdes y una estatura promedio. Cada vez que salimos de un experimento va directo al baño a vomitar. La mayoría cree que está embarazada y por eso no resiste tanto. Solo son teorías que todavía no están confirmadas. Apenas llevamos cinco días aquí. Los demás soportamos con más normalidad los siguientes días.
Nos levantamos del suelo cuando veíamos que se aproximaban nuestros compañeros.
La primera en estar en la fila era veinte porque ella era más bajita que yo y le gustaba ser la que inicia antes que todos. Era una chica muy valiente. Después seguía yo y luego treinta y dos. Era nuestro acomodo de la semana. Aquí no separaban por sexo, era cómo llegaran. Unos segundos más tarde se unió cuarenta y así sucesivamente. Apreté mi coleta con fuerza para que no se llegara aflojar.
Faltando cinco minutos pasaron los guardias a revisarnos los bolsillos para que no trajéramos cosas prohibidas y al ver que no, nos daban los materiales que ocuparíamos este día. Hoy solo nos recibieron con un tapón de oído, entregando uno nada más en la mano de cada paciente. Ellos nunca daban explicaciones, él único que lo hacía era el encargado, James, cuando llegábamos a la sala.
Al llegar el reloj a las 8:00 am, pasaron a Veinte. Los catorce restantes nos dejaron ahí, algo que nos pareció un poco raro. Mis nervios se hicieron presentes, no habían cambiado la dinámica que tuvimos hace cuatro días. ¿Ahora sería individual? Las dudas apoderaron a los expectantes afuera del campo. Cinco minutos y me llamaron a mí. Hice mi mayor esfuerzo en no dejar que mis nervios se notaran.
Entré y todo ya no era de color blanco fino, ahora solo eran luces y candelabros volando como si no existiera el espacio y tiempo, que en ese lugar no había oxígeno. Enfrente de mi solo había tres túneles que apenas eran visibles al ojo humano. Lo único que se distinguían era por unos tapetes negros que se hayan en el piso. Miraba hacia arriba y el techo no tenía fin, también había luces y candelabros con un color negro de fondo. Daba miedo pisar y caerte a un a abismo sin final. Contuve la respiración para no exaltarme hasta que escuche a James.
—Buenos días dieciséis, el reto de hoy consiste en escuchar la onda que provendrá en algunos de esos túneles, habrá más direcciones que escogerás una vez adentro. Necesitas poner el tapón en el oído derecho, trabajarás el izquierdo. No debes quitarlo bajo ninguna circunstancia. Y consejo del día; no confíes en los espejos engañosos, la vista no te servirá esta prueba. Disfruta tu viernes.—finalizó.
Tragué saliva y obedecí a colocarme el tapón. Respiré hondo y mantuve mis ojos cerrados para concentrarme en que dirección vendría la onda. No los abrí hasta que escuché un cascabel tan tenue que parecía inaudible. Se oyó otra vez. Era derecho.
Caminé paso a paso al tapete número tres. Los espejos ni siquiera se les observaba el corte de este mismo, todo era corrido no tenía una línea negra que los separaba. Por eso no pude reconocer cuáles eran los espejos.
Seguí el recorrido despacio y de forma recta, no quería chocar con una pared o quebrar uno de aquellos espejos.
Lucía como si no se acabaran en el salón. Mi vista a veces me resultaba innecesaria porque al voltear a cualquier lado solo se mostraba una infinidad de focos. Era una especie de laberinto que tenía que ir siguiendo con mucho cuidado para no tropezarme.
Volví a encontrarme con otros pasillos del lado izquierdo. Los tapetes marcaban uno y dos. Mientras intentaba descubrir de que lado provenía el cascabel, se escucharon una risas atrás de mí. Giré hacia el sonido secundario y no había nadie. Era una técnica para desconcentrarme. Ignoré y seguí con lo mío.
Decidí escoger el lado uno, porque lo percibía más en esa dirección. Me extrañaba que entre el laberinto no me hubiese hallado a Veinte o cualquier participante, trabajan tan bien en los efectos que te sentías solo en el trayecto.
—Dieciséis, necesitas apurarte. El tiempo corre y solamente cuentas con diez minutos, encuentra la salida con agilidad y sensatez. Cada minuto perdido es una luz apagada. Quedarás atrapada en la oscuridad y será mala reputación para tu expediente. Suerte.—menciona James en alguna bocina escondida.
Segundos después, se manifiesta en el piso un cronómetro con el tiempo restante. El sudor brotaba por mi frente gradualmente. Troté al tapete uno y sin parar fui a llegar a los siguientes cuatro caminos. Ahora estos se distinguían por los colores de su alfombra. Rojo, Azul, Amarillo y Verde. Realicé mi acción de concentración. Oía con claridad el pequeño cascabel en el pasillo amarillo y sin pensarlo me dispuse a trotar para allá. Ya se habían apagado tres luces y el escenario era más oscuro. Tardaba más llegando a cada estación que escogiendo la alfombra a donde pasar.
En efecto mis ojos no me ayudaban mucho, me ponían más ansiosa. Al llegar a las otras tres opciones, se apagaron dos más, me consumía lo negro del fondo. Repetí el proceso y ahora era el medio. Corrí ya para las últimas dos o, eso creía.
Eran dos. Blanco y negro. Tras escuchar, escapé al blanco. Me quedaban tres candelabros que se reflejaban en los espejos. Lo demás, era el abismo aproximándose a mí. Duré dos minutos corriendo y observando cómo se extinguían las últimas, quedándome una. Cuando en el fondo divisé una puerta blanca y mis pies ya no aguantaban tanta rapidez pero me negaba a no pasarlo. El lapso fue incertidumbre pura. Hasta que sentí la luz blanca golpeando con ligereza mi rostro. Me caí al terminar la prueba.
Quedé unos instantes acostada viendo el techo blanco como la nieve. Trataba de recuperar la respiración y quitaba mi sudor de la frente. Alguien al lado de mí, se sentó sin decir nada.
—Veinte eso fue una locura, no sabes cuanto miedo le tengo a la oscuridad.—comenté aún sin dejar la posición cómoda que me relajaba.
—No soy Veinte.
Fruncí el ceño y me senté para ver quién era. Estaba el chico de la tablet con el pequeño cuestionario que contestamos para dar por concluido otra prueba.
—¿Alcancé a pasarlo?
—Te sobraron tres segundos, de lo contrario, no la hubieses pasado.— me entregó la tablet—. Esta ha sido tu peor puntaje. El oído izquierdo no suele ser tú fuerte. Trabaja más esa debilidad.
—Gracias por el consejo, de nuevo.
—No es nada.
—¿Ya salieron mis compañeros? ¿Era la única que faltaba?—mis preguntas se lanzaron como unas balas desesperadas por saber la respuesta.
—El proceso es individual. Las decisiones que toman ahí, algunos los hace salir más rápido y a otros se les vuelve el camino más largo y pesado que hay. Es depende de que tal le haya ido a cada uno.
—Es decir...¿Tomé el recorrido más largo?
El chico asintió.
—Por eso casi no la libras. Igual te sirvió para saber qué tienes que perfeccionar.
Completé la tabla, mientras el asistente me revisaba en el exterior para confirmar que no estaba lastimada y ponerlo en el expediente.
Luego se retiró con un gesto de mano y salió de la sala blanca.
Esto iba a ir plasmado en la bitácora con sumo detalle, no tenía duda.
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Experimento Pentagonal
Science Fiction¿Qué pasaría si las personas agudizaran sus cinco sentidos hasta su límite? Un experimento que podrá confirmar que todos los seres humanos somos capaces de desarrollar nuestros sentidos al cien de su porcentaje respecto a sus habilidades cognitivas...
