Sentí una molestia por todo el cuerpo, no podía moverlo. Abrí los ojos pero tampoco respondían, aparentemente todo estaba oscuro e incómodo, algo que no me agradaba en lo absoluto y comenzaba a molestarme.
—¿Hola?— apenas mascullé por el dolor de cuerpo que tenía en ese momento.
—Al menos no soy la única.
La voz de Noventa sonó como una bendición para mis oídos, sabía que ella estaba conmigo y me tranquilizaba un poco la situación, aunque no era de manera completa.
—¿Puedes ver algo?
—Espero lo estés diciendo de broma. Pero no puedo ver desde hace como dos o tres días, ya perdí la cuenta. Aunque si te preguntas parece que estoy sentada y está oscuro—decía en tono burlón—no ya en serio, me duele todo.
Un hueco se hizo en mi estómago por lo apenada que me sentía con Noventa. Hablé de forma inconsciente sin haber pensado las cosas antes, debía tener más cuidado. Buscaba las palabras adecuadas para disculparme con ella.
—Oye, no te sientas mal. Cómo dicen por ahí: si son mis traumas, también son mis chistes. Sé que tu intención no fue esa pero... ¡AH!, mucha explicación. Sólo quiero salir de aquí y dormir sin un límite.
Unos sollozos invadieron el lugar. El estrés de la prueba seguía apoderándose de nosotros y nos volvía más vulnerables.
—Perdóname, sabes que no fue mi intención. Sólo me siento desesperada porque tampoco veo.
Unos quejidos de al parecer otra persona se hicieron presentes. Traté de zafarme sin obtener éxito. Estaba amarrada a una silla. El espacio donde nos encontrábamos había aumentado su temperatura y el sudor corría por mi cuerpo.
—No aguanto el calor, me duele todo el cuerpo y no puedo ver. ¿Seguimos en el tobogán?—comentaba Veinticinco con desesperación.
Ese comentario había hecho que recordara la última actividad que hicimos en equipo. De seguro al caer, nos tomaron y nos trajeron para acá. ¿Con qué intención? No tengo ni la más mínima idea.
Tres y Diez y Ocho también habían despertado. Les pregunté sobre la condición en la que se hallaban y en efecto coincidíamos que estábamos en la misma posición. La temperatura en la habitación era extrema: pasaba de estar totalmente helada a estar en lo más cálida de un verano. Los cambios repentinos hacía que debilitara nuestro cuerpo, era tanta la fragilidad que no podíamos ni siquiera sostener la cabeza. Los sollozos aumentaron. El dolor, el hambre y el sueño peleaban haber que nos mataba primero.
El famoso pitido se hizo presente una vez más indicando una instrucción al equipo.
—Buenas, buenas... Están en la penúltima actividad, no pueden rendirse tan fácil. La mayoría lleva arriba del setenta porciento sobre la totalidad de su sentido trabajado. Esta pequeña pero ardua sesión hará explotar por completo sus cualidades de este mes. Obviamente como en el contrato afirma, habría una cantidad considerable de sustancias químicas que tenemos que inyectar en su intravenosa, especiales para potenciar el trabajo de ustedes. Después de ver su reacciones secundarias serán lanzadas al mercado como vitaminas. Gracias a ustedes por creer en este proyecto. Es un gran sacrificio para grandes resultados, ¿no lo creen? Bueno, sin más preámbulos les voy explicando de qué tratará—carraspea para afinar su habla— Verán... o más bien no verán. Él único que podrá hacerlo es Tres ya que es el único con este sentido más desarrollado. La actividad se llama: Frío o caliente. Me imagino que alguna vez jugaron con este concepto en sus infancias, ahora sería plasmado entre ustedes. Los cinco están acomodados en círculo, todos con vendas. Cuando comience, Tres será despojado de su venda pero automáticamente tendrá anulado el oído. Él podrá examinar la comida que estará pasando en sus manos, se encargará en dar instrucciones, por lo que Dieciséis tendrá la palabra, es decir, será su voz. Veinticinco tendrá suelta sus manos para analizar la textura, Diez y Ocho hará el favor de olfatearla y por último, Noventa de comer la comida. Las únicas palabras que pueden utilizar es frío o caliente. Frío que es malo, caliente es bueno. Se termina la actividad cuando Noventa haya comido tres platillos y después haber descrito sus ingredientes. Les daremos diez minutos para que descansen, diez segundos antes, los quiero en su mismo lugar. Hasta entonces...
Automáticamente nos desposan de la silla y las vendas desparecen en un instante. Los cinco parecía que habíamos sido bañados en sudor, sin embargo, un abrazo grupal fue suficiente para reconfortarnos como equipo. Cada quién se hizo preguntas y platicamos en una mínima de tiempo. Las mochilas de cada uno estaban esposadas en cada silla como lo hicieron cuando recién habíamos entrado al examen. Tres volteaba a verme de reojo mientras platicaba con Veinticinco, desconocía su intención hasta que me tomó suavemente de la mano, apartándome de los demás. Su semblante era de preocupación y otra cosa más que aún no lograba descifrar. Sus ojos verdosos me veían fijamente.
—¿Estás bien? ¿No te sientes lastimada? ¿Te golpeaste cuándo estuvimos en el tobogán?
—¿Tan mal me veo?— tocaba mi cara y mi cuerpo asustada— pues... me siento lastimada pero creo que he estado peor. ¿Porqué tu preocupación?
Desviaba la mirada y se sonrojaba un poco. Alcé una ceja. Su indiferencia y su preocupación hacia a mí me tenían loca. No sabía qué pasaba. Aunque había notado que desde que compartimos tiempo juntos se volvió atento conmigo y buscaba la manera para ayudarme en ciertas ocasiones, pero seguía sin saber con qué intención, porque después era grosero. No entendía el comportamiento de los hombres ya que nunca había tenido una relación con uno. Había tenido amistades pero no llegaban a algo más... el miedo se apoderaba de mi mente. ¿Qué tenía que hacer? ¿Cómo tenía que actuar?
—Sé que piensas que te odio o que nos odiamos. Pienso que realmente iniciamos con el pie izquierdo, ya que no hay razón de haberte tratado de esa manera, me disculpo por eso. No soy bueno demostrando mis sentimientos y tal vez te suene absurdo esto, pero he sentido durante este tiempo una conexión única contigo. Sólo quiero que estés bien...
No dejé que terminara y lo abracé. Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente y me dijera que era lo que debía de hacer. Me sentía extraña ya que con las mujeres por lo regular tenía una conexión inmediata y jamás me preguntaba estas acciones. Salirme de mi zona de confort y más con él...aún no podía definirlo, ¿Era bueno o malo el sentimiento que estaba sintiendo? Lo único que sabía es que era momento de apreciar los detalles que nos brindaba el presente aún si no podía clasificarlo como bueno o malo ¿qué importa? El detalle era bonito pero era difícil de aceptarlo. Correspondió mi abrazo y me dio un pequeño beso en la frente.
Nos separamos y cada uno siguió conversando con los demás como si no hubiese sucedido nada. A pesar que mi corazón se haya quedado con una espina llena de intriga.
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Experimento Pentagonal
Fantascienza¿Qué pasaría si las personas agudizaran sus cinco sentidos hasta su límite? Un experimento que podrá confirmar que todos los seres humanos somos capaces de desarrollar nuestros sentidos al cien de su porcentaje respecto a sus habilidades cognitivas...
