Desperté con un siseo en mi oreja. Tallé mis ojos para enfocar mejor y al lado de mi estaba el chico número once, sentado en la otra cama.
—¿Qué pasa?—pregunté confundida.
—Necesitamos bajar a comer y después ir a que nos den una platica en general sobre algunos puntos que deben de tratar con nosotros, ya sabes, reglamentos y esas cosas.
—Oh, gracias por avisarme.
Me siento para ponerme las botas de nuevo y él seguía viéndome con cierto interés.
—¿Todo bien?
Sacude su cabeza negando.
—Quería presentarme contigo ya que ayer no lo hice, no me gustaría verme mal educado. Pero bueno, soy once. Diría mi nombre real pero está prohibido.
—Oh perfecto. Hola once, yo soy dieciséis. Es un gusto, ¿Vamos juntos a comer?
—Claro.
Se levanta de un salto y me espera en la puerta, tras amarrar mi segunda bota me paro, voy hacia él y salimos de ahí.
Los cinco grupos de los sentidos ya se hallaban en su respectiva mesa, listos para comer.
Agarré un asiento con Veinte debido a que sólo había dos asientos disponibles; uno al lado de ella y otro opuesto a esos lugares. En consecuencia no pude sentarme con Once. Veinte me miraba con cierta intriga a lo cuál fruncí el ceño por que no lograba comprender su estado.
—El quiso hablarte.—soltó por fin.
—¿Ah?
—Yo me disponía a ir hablarte cuando él me detuvo y me insistió que el quería hacerlo. No había entablado una conversación con alguien pero me sorprendió que lo primero que dijo fue eso. Yo pienso que le gustaste.
—¿Ah?—seguía sin entender con totalidad la información que me daba.
—Lo que dije.
Después trajeron la comida y ya no discutimos nada sobre ese tema. El comedor volvió a quedarse en silencio y se oían los cubiertos chocando con los platos, formando un ruido repetitivo.
Una de las reglas que nos hicieron firmar era que al momento de tener la comida enfrente de ti, no debías de hablar ni mantener una conversación con alguien más. La comida era sagrada y no se podía jugar con ella.
Al acabar con la hora de receso, procedieron a llevarnos a la misma sala de eventos con el propósito de aclarar términos que habían quedado inconclusos.
Separaron a todos por secciones y en este tiempo, aún no debíamos mezclarnos con otra casta, hasta que ellos lo permitieran.
Volví a quedar con Veinte y al lado contrario estaba Cuarenta. Todavía faltaban unos minutos para que realizaran la plática. Mientras, sobraban ese lapso. Entonces volví a retomar lo que ya había comentado la chica alegre.
—¿A qué te referías con que a Once le gusto?—susurré inquieta—. Si apenas va ¡UN DÍA!
Traté de hacer énfasis en un día, pues me era imposible que hayamos estado tan escasos días aquí y ya pasarán ese tipo de cosas.
—Te dije que era lo yo pensaba. Se veía con demasiada necesidad de ir a despertarte, hasta me dio un poco de desconfianza.
—Tal vez es porque yo soy la líder de Audición.
—Puede ser, pero no me convence.
Las luces se apagaron y volvió el silencio a adueñarse del salón. Otra norma de las que eran obligatorias saberlas es que al momento de apagar las luces, tampoco hablaba nadie.
Todos acataron muy bien las indicaciones y esperaron con paciencia.
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Experimento Pentagonal
Ciencia Ficción¿Qué pasaría si las personas agudizaran sus cinco sentidos hasta su límite? Un experimento que podrá confirmar que todos los seres humanos somos capaces de desarrollar nuestros sentidos al cien de su porcentaje respecto a sus habilidades cognitivas...
