En cuanto pasamos al siguiente túnel cesó la corriente, ya no era turbia, solamente flotábamos en el río artificial. Mis brazos dolían cada vez más por la brusquedad que me he tenido que enfrentar. Me desplomé en el piso.
—¿Se tranquilizó todo verdad?
—Sí, me dejó exhausta.
Ahora se veía completamente oscuro el túnel porque ya no tenía esas pequeñas luces del conducto guiándonos a la salida. Abracé mis piernas, me generaba terror este ambiente. Un destello de luz fue mostrando lo que nos deparaba en este momento. Una selva bastante tropical estaba frente a nosotros. El sol artificial dejaba ver el lugar como si en verdad estuviéramos en la selva. Árboles con enormes ramas descendían hasta tocar el agua. Flores de dudosa procedencia con tonalidades purpureas y azuladas, haciendo un reflejo de destellos como una fiesta de colores. Se escuchaban pájaros al fondo dándole un toque sublime.
—Que hermoso se ve...-murmuré que fue casi inaudible.
—¿Qué estás viendo Dieciséis?
—Entramos a un bioma bastante distinto. Como una selva tropical y muchos colores bonitos.
—Espera ¿Qué colores?
— Veo el purpura, el azul y verde de las hojas.
—No te creas, no vemos los mismos colores ¡Qué frustrante es no poder ayudar en eso! Me da rabia apenas saber eso de mí—Se tapa los ojos—lo siento. Mejor trata de no tocar ninguna planta por tu seguridad.
—Está bien...—no sabía cómo responder, no quería agobiarla más.
Seguía sentada en el bote mientras la mínima corriente nos conducía. Sacaba mi navaja de la mochila y la guardaba en un bolsillo del overol, para tenerla más cerca. Segundos después escuché un sonido como un grito ahogado. Me levanto enseguida y volteo a todas partes hasta que puedo dar con el sonido, era Noventa siendo enrollada por una de las plantas verdes fluorescentes, ya la habían sacado del bote y le habían tapado la boca. Me agarré de otra planta que venían a mi dirección, columpio mi cuerpo hasta aventarme a la que tenía Noventa. Con la otra mano saco la navaja y de tres cortadas libero a Noventa, que cae justamente en el techo del bote, donde estaba el pequeño cuarto. Tardaba un poco más y caía envuelta de yerba en el agua, puesto que la balsa seguía en movimiento. Vi como ella giraba hasta caer en el piso de bote y me sentí más tranquila. Volteé a la dirección de la yerba que me sostenía y ya me había atrapado los pies.
—Malditas cosas. Sí cosas estúpidas—Les gritaba como si fueran a responderme.
Corté las de mi pie izquierdo y ahora sólo faltaba el otro para poder balancearme en otras de esas ya que el bote iba más lejos. Salió otra planta y volvió a tomar mi pie, tirándome cada una en diferente dirección.
—Plantas o qué mierda son, que tienen una fuerza estúpidamente fuerte.—gritaba y volvía a intentar cortar las de mis pies. Ya no podía divisar el pequeño barco, ni tampoco a Noventa. Me cansaba y dejaba cinco segundos de descanso porque estaba cansada.
Algo cortó de golpe todas las plantas haciéndome caer de inmediato al agua. Cuando estaba nadando a la superficie, un cuerpo de dudosa procedencia igual cayó conmigo. Caí tan profundo que no podía salir aún. Sentí unas manos sujetaban mi cintura ayudándome a salir. Saliendo del agua giré enseguida mi cabeza para ver quién era y no lo podía creer. ¿Tres salvándome, a mí?
— ¿Y eso?
—Cómo que "y eso" te ayudé, sí.—Me seguía sujetando de la cintura todavía, nunca había estado tan cerca de él hasta este momento. Le hice una seña que me seguía sujetando y me soltó rápido.
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Experimento Pentagonal
Ficção Científica¿Qué pasaría si las personas agudizaran sus cinco sentidos hasta su límite? Un experimento que podrá confirmar que todos los seres humanos somos capaces de desarrollar nuestros sentidos al cien de su porcentaje respecto a sus habilidades cognitivas...
