Capítulo 16 -Fuera de tiempo-

15 3 0
                                        


Otras cinco horas habían transcurrido después de haber encontrado la dirección correcta. Durante ese transcurso, Noventa iba cantando, susurrando y haciendo sonidos con la boca. Los demás, iban callados en su propio mundo, aunque la preocupación de alcanzar a llegar no se les quitaba a nadie. Sospechaba que Noventa tenía características de Déficit de Atención, aunque sólo era una suposición mía porque no era médica pero sus acciones como el abrumarse  de mantenerse en silencio y no poner atención a cosas que es fundamental. Por lo que trataría de tenerle más paciencia y empatía.

—Ya para por favor Noventa,  me empiezas a estresar.—Tres de nuevo con sus comentarios ariscos hacia nosotros.

Noventa iba silbando y calló de golpe. Su mirada se vio avergonzada y su rostro se puso de un tono carmesí.

—Lo siento Tres, pero debo de mantener mi cerebro ocupado con algo, sino, me distraigo rápido y es más difícil focalizarme en una situación.

Él ya no volvió a comentar nada. Por su parte Noventa, cambió de gestos y decidió ir haciendo movimientos con su manos para mantenerse alerta. Dieciocho al contrario, iba ensimismada e incómoda por todo, casi no hablaba y no aportaba al grupo. Veinticinco desde la última discusión que tuvo con el pelinegro, ya no volvió a decir alguna otra palabra.

Se reflejaba una pequeña luz hasta el fondo del agujero horizontal, donde nos dirigíamos. Habían pasado otras tres horas. Mis pies sentían cansancio y veía la hora de dormirnos más cerca, parecía un lugar solitario y cero peligroso. Eso era un plus para realizar una pausa. LLevábamos una ventaja enorme en las primeras horas, aunque no quería enfrentarme de nuevo con el oso gruñón para dar esa idea. Estábamos hartos de ese chico. 

—Oigan, la verdad es que sería buen instante para hacer una pausa y tratar de tomar energías para la noche. Es buen tiempo para dormir todos.—sugirió por primera vez la pelirroja. Abrí mis ojos sorprendida porque sentí que había leído mis pensamientos o lo manifesté con intensidad.

Asentí emocionada y los demás también, excepto Tres.

—Yo los cuido.

—¡NO!—gritamos al unísono, dejándonos con una sonrisa a todos.

—Tú ya hiciste con enfadarnos todo el tiempo que iniciamos la prueba. ¿Piensas que te vamos a tener confianza después de que fueras tan grosero con los de tu mismo equipo? Duerme o quédate sentado, haz lo que quieras, pero ni de locos te dejamos esa responsabilidad.   

Veinticinco por eso estaba tan omiso a lo que pasaba, le estaba colmando la paciencia. 

Tres optó por primera vez en no decir nada, se le notaba un poco desconcertado y a la vez, triste. Aunque no podía comprarnos con esa cara de arrepentimiento, nos había dejado al límite de tolerancia. 

Los cuatros ideamos un plan. Noventa se quedaría despierta con sus sonidos de relajación para que mientras la escuchemos, podamos descansar. Sus sonidos nos alertarían si se dejan escuchar de golpe. Ella era la más joven del grupo, por lo que podrían cargarla mientras caminamos en la noche. La rubia humildemente aceptó y nos posicionamos adentro de un enorme árbol hueco, era una buena opción. Tres no tuvo de otra que seguirnos sin hacer objeción alguna. Nos acostamos alrededor de Noventa y ella se sentó feliz en medio. El último estaba en una esquina también sentado. Sabía que no dormiría de la culpa. 

Cerré mis ojos y oí que se aproximaba una lluvia. Por fortuna estamos protegidos por el enorme árbol en el cuál nos habíamos refugiado. Noventa inició murmurando, creando ondas musicales que nos ocasionaba arrullarnos a todos y quedé profundamente dormida con tal melodía. Sólo mi oído estaba atento para cualquier cosa, aunque el sonido nunca se dejó de escuchar. A la hora, la lluvia y el murmuro melodioso realizaron una sintonía hermosa creando música. Mis tímpanos estaban felices por lo que oían. 

Experimento PentagonalDonde viven las historias. Descúbrelo ahora