Paramos para descansar. Había perdido la cifra de horas exactas caminando, pero sólo faltaban cinco horas para que saliéramos de aquí, eso indicaba el reloj de cada uno. Veinticinco era él que se veía más agotado se recostó en el verde pasto con sus manos en la cara. Noventa estaba sentada a un lado de él con sus párpados violeta y su nula visión. Enseguida de esta estaba Dieciocho igual de callada como al principio y Tres se encontraba recargado en un árbol. Y de última estaba yo, en una roca sentada con dos mochilas en mis piernas.
—Tres, ¿Puedes fijarte si falta mucho o al menos que se vea alguna pared al fondo?—pregunta Veinticinco con el poco aliento que tenía.
El destello de la luz, volvía hacerse presente en nosotros y con un poco más de intensidad. Los árboles se veían de un tono más verdoso y claro.
—Por el reflejo de luz y la colorimetría de la fauna, cada vez estamos cerca, aunque el ambiente y las vibras no me agradan del sitio.
Son interrumpidos por Noventa que dejó hacer ruido en sus manos.
—Ya puedo moverme sola, solamente pueden agarrarme de la mano como un apoyo. No quiero a ser una carga para ustedes.
Dieciocho la abraza fuertemente—. No eres una carga, sólo estamos viendo si estamos a punto de finalizar esta etapa.
—Calculo que nos falta alrededor de una hora a dos para terminar. Si quieren...—sugiere Tres pensativo—. Vamos a darnos una hora para recostarnos y tratar de alimentarnos, porque no sabemos bien, si tendremos la oportunidad de hacerlo en un futuro.
Quedamos de acuerdo con la recomendación de Tres y la mayoría se acomodó en el pasto para dormir. Esta vez, sentía una ansiedad y también estrés que me carcomían por saber qué nos iba a tocar después, así que por más que intente sería imposible. Decidí ser yo la que los cuidaría y me dispuse a sacar mi libreta para anotar los avances que tenemos de forma grupal.
fecha imprecisa:
Al estar tantos días en completo agotamiento por las actividades que hemos tenido que realizar, me han dejado un poco desorientada con las fechas. Con las horas no porque adentro del examen nos equiparon con una especie de contador/reloj que nos ayuda a mantener un poco el ritmo de la cordura del tiempo.
Hoy con sinceridad mi corazón está un apagado y con una profunda tristeza. Tal vez esto no lo pueda expresar todavía con palabras o en un simple cuaderno, primero dejaría que esta herida sane o intente sanar. Las complejidades que vienen acompañadas en este experimento dejan a todos los internos con un nudo en la garganta. Sabemos que entramos por voluntad propia y con un inmenso entusiasmo por tener una experiencia nueva en nuestras vidas, aunque ahorita lo cuestionamos si realmente vale la pena el sacrificio invertido aquí. Los entrenamientos eran difíciles de sobrellevar en el mismo instante pero luego podías reír, desahogarte, descansar, reponerte. Ahora en el examen es supervivencia, debes de exigirte el doble o el triple porque aquí tu cuerpo sale perjudicado si tienes una equivocación. Y más si tienes una deficiencia.
Espero que en el siguiente reporte pueda aportar más cosas positivas a mi documental o tener una mejor esperanza. Al menos con la fortuna de tener la capacidad para poder escribir como lo estoy haciendo ahora. Aprendí, a que cada segundo lo grabaré en mi memoria, cada fotograma creado por mis retinas del ojo, será la manera de poder disfrutar mis días con mi esencia completa. Hasta entonces o hasta nunca, dependerá del destino.
—¿Qué escribes?
Dieciocho se acerca hacia mí interesada por mi libreta, intentando decifrar del porqué traía esos artefactos a este lugar donde prácticamente es lo que menos importa, escribir.
—No te asustes Dieciocho—aconsejo—. Sólo trato de describir un poco de lo que estamos viviendo para el desarrollo de mi documental. Todo el tiempo que llevamos aquí y no he capturado casi nada por escrito, cuando debe ser de las cosas más importantes.
La pelirroja omite su respuesta y se sienta a un lado de la roca en la que yo me posicionaba, viendo a la nada por donde se hallaban unos árboles que parecían ser de la especie de un Sauce llorón.
—Me parece impresionante como sigues teniendo la esperanza que de este espacio vamos a salir enteros y vivos.
—Bueno, al menos intento tener una chispa de esperanza en mi ser. Es lo que me sigue manteniendo activa.
—Es lo que cualquier ser humano tiene, instinto.
—Oye... a ti justamente te tengo bastante preguntas que todavía no han sido resueltas—volteo a verla a los ojos—sabes muy bien a qué tema me refiero.
Desvía la mirada de nuevo a los sauces. Su cuerpo comenzó a mostrar nerviosismo e incomodidad, no obstante, era imposible de salirse de la conversación, como lo hizo aquella vez huyendo.
—Aún no es correcto que sepas esa información. No verás igual este proyecto y de seguro querrás protestar.
—¿Me crees lo suficiente inepta para hacerlo, teniéndonos encerrados en una clase de backroom al poder de gente superior?
—Por su puesto.
Soltamos una risa instantánea.
Había pasado la hora y los demás ya estaban listos para tomar marcha a lo último que nos faltaba del recorrido. Le hice una seña a Dieciocho que no me olvidaba de lo que hablamos hace unos minutos atrás. El arnés que le habíamos puesto a Veinticinco, ahora lo tenía amarrado conmigo de estómago a estómago con Noventa con cierto control en ella para todo tipo de inconveniente. También le iba sosteniendo la mano y guíandola con mi voz. Aunque ella decidió llevarse su mochila por si surgía alguna emergencia.
Me perturbaba que el único animal que habíamos visto en este escenario eran las luciérnagas. Confieso que mis pensamientos se iban a la dirección de huir o con finales sangrientos a causa de animales salvajes, pero eso me hace imaginar cosas más escalofriantes en lo que no respecta a nuestro transcurso de la prueba. Lo único que me dejó confundida fue las voces y los sonidos que se oían en la entrada de la prueba. No pude identificar para qué eran.
Noventa tomó su mochila y me la entregó para que agarrara una venda que traía ella en la mochila, con la finalidad de que le cubriera sus ojos. Así se sentiría con más protección por su nula visión.
Un río que encontramos al seguir la ruta que nos indicaba Tres, el agua se fue tornando cristalina y sin movimiento. Eso nos hacía entender que estábamos por llegar al final de la etapa uno. El río se fue esparciendo hasta que la única manera de continuar, era pasar nadando del lugar. Al final de esta agua preciosa, se hallaba una pared pintada de un azul cielo y con nubes marcadas en la misma. Una puerta era lo que destacaba de esa curiosa pared extraña.
—¿Qué vamos hacer?—pregunta Veinticinco dirigiendo la mirada a Noventa.
—Noventa... ¿Sabes nadar?—Dieciocho afligida por interrogarla, se giró a observar otra cosa con miedo de saber la respuesta.
—Si puedo nadar... ó más bien flotar, porque eso nunca se me dio bien, ¿Porqué?
—Creo que ahora será el momento para que aprendas de manera eficaz a nadar.
— ¿Es necesario? Si hay otra opción creo que sería lo mejor, tomar otra.
—Es la única forma, ve mentalizando tu cerebro para vivir tu experiencia de otro modo— Tres sin escrúpulos soltó su hiriente verdad.
—De acuerdo.
Veinticinco se ofreció para ayudarla en ese tramo. Me regresaron de nuevo la mochila, ya que Noventa no podría mantenerse a flote como lo hace regularmente por este cambio que tiene en su vida. El primero en meterse al agua fue Tres para liderar, después fui yo, enseguida Veinticinco dándole instrucciones a Noventa y por último, Dieciocho.
Nadie sabía que era lo que nos esperaba.
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Experimento Pentagonal
Science Fiction¿Qué pasaría si las personas agudizaran sus cinco sentidos hasta su límite? Un experimento que podrá confirmar que todos los seres humanos somos capaces de desarrollar nuestros sentidos al cien de su porcentaje respecto a sus habilidades cognitivas...
