Capítulo 3 -Cuarto blanco y pañuelos-

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Eran las 7:00 am.

Todos nos levantamos por una alarma que se posicionaba en una esquina del dormitorio. Estaba predispuesta a sonar en nuestros horarios con puntualidad. Sacábamos nuestro uniforme del baúl correspondiente de cada uno doblado junto con nuestras botas. Nos guiarían a las regaderas para ir limpios a las primeras actividades. El tiempo era limitado así que teníamos que alistarnos lo más pronto posible para alcanzar bien la primera jornada.
Terminé de hacerme dos trenzas de raíz, para mantener mi cabello recogido. Veinte en cambio se hizo una coleta alta donde se apreciaba más su enorme cabello lacio.

Fuimos unas de las primeras en estar listas, nos dirigieron al salón exclusivo del sentido auditivo. Hicimos fila. Minutos después fueron llegando todos los demás, arreglados.
Había un señor que los inspeccionaba de todos lados para que no llevaran cosas no autorizadas, sino serían penalizados una semana. Por suerte, ninguno salió con algún objeto de más. Eso ayudaría a que todo fuera al ritmo deseado.
Después de que todos hicieran fila sin nadie más que faltase, sacaron una lista y fueron nombrando de manera audaz a todos por sus respectivos números.

Tras pasada una hora desde que despertamos, abrieron la puerta y solo se podía apreciar una luz blanca que se escapaba del sitio. Nos acercaron a la sala. Dos personas con traje blanco de seguridad y mascarilla, salieron de aquel salón. Y comenzaron a realizar señas para que nos adentráramos en la misma fila que íbamos. La fila avanzó rápidamente y por fin nos introducirnos. Los ojos nos dolieron por la excesiva iluminación en el techo, hasta que poco a poco nuestra vista se fue acostumbrando con más naturalidad. Pasado esto, logramos divisar varias sillas esparcidas por la sala. Todas tenían un espacio bastante considerable, ninguna parecía estar tan cerca.  Eran de un color negro brillante haciendo de nuevo un contraste con el blanco. Cada silla tenía el número de los que formaban parte del equipo.

Nos sentamos en nuestro lugar. Observaba las cuatro paredes gigantes que nos rodeaban y parecía no tener algún fondo de lo blancas que eran. Guardamos silencio hasta esperar las indicaciones correspondientes. Cerraron la puerta dejándonos adentro. Cuatro cámaras que estaban en las esquinas del salón apuntaban a la dirección de las sillas, por consecuencia a nosotros también.

—Buenos días a su primera actividad de introducción a la audición—saludaba un señor por unas bocinas aún no visibles en el sitio—. Me gustaría presentarme nuevamente para que recuerden quien soy yo. Mi nombre es James Sandell y voy a hacer encargado de esta unidad. Solicitó su atención y disposición completa para que los resultados sean más factibles y rápidos. Así podremos avanzar con facilidad. Necesito que saquen los pañuelos que están en sus bolsillos y se los pongan cubriendo con totalidad sus ojos, obstruyendo su visión. Nada de trampas.

Me sorprendió demasiado saber que los pañuelos estuvieran en ese lugar, ya que había recordado revisarlos antes de venir y no traía nada. Luego vino a mi mente uno de los guardias que nos revisaba, y ahora todo estuvo claro.
Asentimos y sacamos los pañuelos azul fuerte y los colamos como nos indicaron.

—Pasarán asistentes a verificar que hayan sido sinceros. Absténganse a las consecuencias.

Al no mirar nada, solo se sentían cuerpos pasando cerca de nosotros dejando ráfagas de viento. Tardaron varios minutos en revisar uno por uno hasta que por fin volvió hablar el encargado.

—Viendo su perfecta disciplina, comencemos.

Dicho está ultima oración, todos los sonidos que nos rodeaban se quitaron al instante, dejándonos sin la ausencia de estos mismos. Se sintió como si estuviéramos aturdidos a un nivel indescriptible y solo se oía un pitido intenso que no cesaba. Me recargué en la silla angustiada. Esto hacía sentirme incómoda.

Experimento PentagonalDonde viven las historias. Descúbrelo ahora