Noventa presionó el botón y Veinticinco salió expulsado dentro del tobogán. El zumbido del incesante aire que emanaba dentro el tobogán, aturdía mis tímpanos, con mis manos los cubrí en señal de dolor. Tres tomó mis manos, quitándolas despacio de mi zona adolorida. Me lanzó una mirada rápida.
—Necesito que pongas atención conmigo.
Un estruendo se propagó por toda la zona. Era una explosión. Veinticinco escaló en la cuerda a la que fue sujetado hasta llegar al poste. Diez y Ocho se dirigió a su cuerpo y le dio un tirón junto con ella misma alejándose dónde estaba sostenido, ambos cayeron al suelo, donde se cubrieron la cabeza en forma de protección. Una fumarola acompañada con fuego salió impulsada quemando por completo el poste que sostenía el arnés de Veinticinco. Por fortuna nuestra, la protección salió ilesa sin ningún desgate, al igual que los dos chicos.
—¿Están todos bien?—gritó Noventa desde su posición, en donde estaba el botón.
—Estamos bien, por suerte y por nuestros sentidos. Porque por los novios que nomás se están agarrando la mano, no.—dijo Diez y ocho furiosa mientras ayudaba a levantar a Veinticinco que estaba mareado.
Observo mis manos y Tres las tenía sujetas con mucha fuerza. Al segundo las soltó en desagrado, acercándose hacia ellos.
—No es lo que creen, es Dieciséis que no estaba haciendo su trabajo como debe, se tapó los oídos en vez de escuchar conmigo que pasaría.
—¿Quiénes son los novios?—A los lejos se escucha nuevamente Noventa.
La pelirroja rodó los ojos molesta.
—Tengo los oídos sensibles, no esperaba escuchar al instante una explosión. Fue inercia de mi cuerpo reaccionar de esa manera, que no lo entiendas es otra cosa.
—Ya chicos por favor—responde Veinticinco—estoy cansado y no dejan de pelearse, empiezan a cansarme. Hay que terminar el maldito examen y ya no se volverán a ver.
Los cuatros restantes quedamos en un rotundo silencio. Había sido bastante fuerte para que Veinticinco respondiera con ese coraje. Él era muy tranquilo pero había llegado a su límite. Desde ese momento, cada uno se dispuso a realizar sus respectivas actividades en el mismo silencio desde que había hablado el chico con pelo largo. Caminamos de nuevo a la posición que respecta mientras que la pelirroja lo amarraba al siguiente poste del siguiente tobogán. Acercó otro costal para que lo abrazara y en su debido tiempo lo soltara. Recordé que tenía mis tapones para mis oídos y eso ayudaba para agudizar uno de los dos en específico. Saqué uno y me lo puse en el izquierdo, ya que ese no era mi fuerte. Le gritamos a Noventa para confirmar el segundo botonazo. Cuando lo hizo, ahora no salió una aire succionando a Veinticinco, las rejillas se abrieron con delicadeza para tener acceso al tobogán. Empujó con fuerza el costal y pude escuchar con claridad cómo deslizaba el costal dentro del conducto, hasta que cayó a una especie de agua. Un burbujeo se hizo presente y parecía que estaba haciendo efervescencia en el líquido, creando así otra explosión dentro del tobogán aunque más peligrosa porque vendría ese producto hacia nosotros.
—CORRAN, CORRAN. VÁYANSE DE AHÍ, DESHATA A VEINTICINCO—dije con todo el volumen posible para que escucharan a la perfección y no lo pensaran más.
Diez y Ocho salió disparada a dirección del segundo tobogán. Lo desató en un tiempo exorbitante. corrieron para el lado izquierdo. El líquido salió impulsado directo al poste, derritiendo por completo el metal. Una mínima falla y los duermen una eternidad. Los compañeros estaban atónitos mirando el lugar donde se habían puesto hace un minuto. Espero que la crueldad de los doctores detrás de esto no sea matarnos, o eso esperamos todos con debida esperanza ya que no nos quedaba de otra.
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Experimento Pentagonal
Science Fiction¿Qué pasaría si las personas agudizaran sus cinco sentidos hasta su límite? Un experimento que podrá confirmar que todos los seres humanos somos capaces de desarrollar nuestros sentidos al cien de su porcentaje respecto a sus habilidades cognitivas...
