71-. fiesta

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Personaje: Robert Laing
Advertencia: contenido sexual.

Soy hija del arquitecto del edificio, y aunque ahora los bloques vuelven a ser funcionales, gracias a nosotras y a Laing claro

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Soy hija del arquitecto del edificio, y aunque ahora los bloques vuelven a ser funcionales, gracias a nosotras y a Laing claro.

Debemos empezar por el principio, así que vayamos un año atrás, dónde empezó todo.

****

Los de abajo habían dado una fiesta magnífica, lo sé porque yo estuve ahí, pero los de arriba, no se quedarían con los brazos cruzados, organizaron una fiesta al parecer del siglo XVIII en Francia o algo así.

Estaba junto a la esposa de mi padre, cuando llegó el tipo guapo que había visto la noche anterior.

Estaba junto a la esposa de mi padre, cuando llegó el tipo guapo que había visto la noche anterior

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Al parecer no tenía ni idea de como eran las cosas arriba, camino hasta donde estábamos.

—¿Tu lo invitaste?– le pregunto su esposa a mi padre.

—no claro que no– contesto el con disgusto.

—de hecho Monroe lo hizo– contesto el.

Me perdí viendo sus ojos, era tan atractivo.

De un momento a otro, ya lo estaban sacando de lugar, fui atrás de el y entre al elevador a su lado.

Ninguno miraba al otro, hasta que al final, el elevador se detuvo por un corte de energía, el le dió un fuerte golpe rompiendo un espejo.

—¿Usted es el doctor cierto?– el me miró.

—si lo soy, pero no el tipo de doctor que necesitas– hablo y se dejó caer al suelo.

—si lo soy, pero no el tipo de doctor que necesitas– hablo y se dejó caer al suelo

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—necesito uno que se quiera meter entre mi par de muslos– sonreí.

El se levantó, me estampó contra la pared y alzó y el maldito vestido francés.

Me dio un feroz beso que me dejó sin aliento. Sus grandes manos recorrian mis piernas con vehemencia, bajo su gloriosa boca al inicio de mis pechos los cuales sobresalían por el corset del vestido.

—mmmm doctor– gemi.

El bajo mi ropa interior y empezó a acariciar mi sexo, sus besos se extendían de mi cuello a mis pechos, entre chupetones y mordidas, sus ágiles dedos se movían fervientemente entre mis pliegues, mis caderas se movían desesperadas por más de sus eróticas caricias.

—mas, más, quiero más de ti, quiero eso– gemi, me estiré lo más que pude y tome su gran miembro entre mi mano, lo apreté y acaricie con devoción haciéndolo gemir.

Saco su mano de mi, bajo sus pantalones y me penetró, fuerte, duro, profundo, violento, brusco, delicioso. Me arranco un gran gemido y empezó a empotrar me rítmicamente contra la pared.

Enfrente y a los lados, podía ver nuestra morbosa imagen, el moviéndose dentro de mi rítmicamente, sus fuertes hombros marcados en su saco, su cara roja, su vena de la frente salida, se veía jodidamente sexy.

Sus deliciosos gruñidos y gemidos salían de su boca y descansaban en mis oídos, era todo tan rico.

Rápidamente me llevo al climax y a los segundos llevo el.

Salió de mi y arreglo su ropa.

—soy Caro– me presenté jadeando.

—robert– suspiro.

—lo se, también se que te cogiste a Charlotte– me miró sorprendido.

—al parecer todo el edificio lo sabe– hablo irónico.

—el edificio sabe todo, así como sabe sobre el suicidio de anoche– saque una cajetilla y tome un cigarro.

—el edificio sabe todo, así como sabe sobre el suicidio de anoche– saque una cajetilla y tome un cigarro

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—¿Tu sabes porque lo hizo?– inqueri.

—no, debió tener sus razones– hablo con culpa.

—dijo algo sobre una enfermedad– me lleve mi cigarro a la boca y lo encendí.

—dijo algo sobre una enfermedad– me lleve mi cigarro a la boca y lo encendí

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—lamenrable– murmuró.

—la verdad me da igual– dije y comencé a fumarme mi cigarro a gusto.

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Así fue como nos conocimos, ahora soy madre de uno de sus hijos. Somos como los reyes del edificio.

Charlotte y yo somos sus favoritas.

one shots [TWH]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora