-Hola.- la voz de Nick rompe el silencio que inunda el parque.
Nick se acerca a mí y yo no puedo dejar de mirar sus ojos. ¿Estaré soñando? ¿Es él el chico que me salvó aquella noche? ¿Puede ser que esté viendo cosas que no son sólo porque deseo que pase?
-Hola.- respondo en un susurro, con millones de preguntas rondando por mi cabeza.
Nick se sienta en el columpio contiguo y alza su mirada hacia el firmamento. De su boca sale vaho en cada respiración profunda que da. Veo su perfil únicamente iluminado por la luz que refleja la luna. Su mandíbula marcada, sus ojos clavados en la oscuridad del firmamento. Mis ojos no se separan de su rostro. Mi mente no da para más, ¿qué está haciendo él aquí? ¿Es él? Si es él, ¿no se acuerda de mí, de uno de los momentos más importantes de mi vida?
De repente, Nick baja su mirada hasta mi rostros.
-¿Qué pasa, tengo algo en la cara?- pregunta con una sonrisa ladina.
Esa sonrisa solo provoca que mi sistema nervioso empeore. Altera el ritmo de mis pulsaciones, y ya tengo suficientes cosas en la cabeza como para pensar en la razón de las reacciones de mi cuerpo ante su presencia.
-¿Qué haces aquí?- pregunto aún incrédula.
-Buena pregunta.- es lo único que responde.
El silencio que se crea a nuestro alrededor es interrumpido por el chirrido de las cadenas del columpio de Nick, que se está balanceando. No aguanto más, necesito dar respuesta a todas mis preguntas, sobre todo si es él. Es raro, porque siempre que miraba a Nick me transmitía cierta sensación de familiaridad, pero sus facciones no me sonaban, únicamente sus ojos, y ahora que lo veo así, en el mismo escenario, es como si todo encajara. ¿De verdad es él?
-¿Vas a responderla?- pregunto, atenuando mi mirada sobre él.
Nick continúa con su sutil balanceo mientras me responde.
-Vine a pasar las fiestas con mi madre.- hace una pequeña pausa- Te dije que mis padres llevan algunos años divorciados, ¿no?
Ahora que lo dice, sí que lo recuerdo. Me lo contó en uno de nuestros paseos hasta mi residencia. Al parecer, el matrimonio de sus padres no iba bien, ambos estaban muy distantes, era como si cada uno viviera una vida paralela al otro y lo único que los mantenía enlazados era Nick, aunque mucha bola no le daban. No me contó mucho sobre cómo lo vivió, pero por lo poco que pudimos hablar, ninguno de los tres lo pasó muy bien.
-No sabía que tu madre vivía aquí.- respondo en un tono de voz bajo, pero audible para nosotros dos- ¿Desde cuándo vive aquí?
-Desde hace unos cuatro años o así.
-¿Y tú solías venir a visitarla?
Si él venía a menudo, aumenta las probabilidades de que mi teoría esté en lo cierto y yo no me esté volviendo loca.
-Sí, dictado por el juez.- su mirada encuentra la mía- ¿Y tú?
-¿Yo qué?- pregunto confundida, intentando pensar en una forma de sacar el tema sin sonar como si estuviera demente.
-¿Qué haces aquí?
-Vivo aquí.- respondo con obviedad.
-¿En el parque?- pregunta divertido.
-No,- respondo con una sonrisa tímida, y alzo la mirada al cielo- estaba dando una vuelta, intentando despejarme.
Me quedo un rato de más mirando el firmamento y un silencio cómodo nos rodea. El recuerdo de aquella noche vuelve y yo no dejo de preguntarme si verdaderamente es él o es solo mi inconsciente. Pero yo siento que es él, su mirada me transmite lo mismo que hace años, no sé cómo explicarlo, pero algo me insiste que es él.
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Una curiosa filosofía de vida.
RomanceKami Brown es una chica que después de haber pasado una adolescencia complicada se decide a seguir su sueño de la infancia y, para ello, viaja desde Oregón hasta California para instruirse en la carrera que desea estudiar desde que era niña, en una...