¿Qué pasa si tus amigos están desesperados por conseguirte pareja y te juntan con la persona menos indicada? ¿Importan las etiquetas cuando el amor es verdadero?
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Capítulo XXIII
Alioshka dejó la oficina del comisionado de policía y, se detuvo junto a la puerta, volviéndose hacia él para despedirse con un fuerte apretón de manos. El hombre la estudió una vez más de arriba abajo y ella respondió a su mirada ansiosa con una sonrisa coqueta, llena de promesas. Su habitación de hotel se convertiría esa noche en un templo del pecado y el placer para él y en una pesadilla para ella. Pero, estaba dispuesta a hacerlo. Los hombres de Ekaterina, Volkov y Petrov se estaban reuniendo en lugares secretos, comenzando a preparar la guerra. Natasha había probado ser una buena líder y tener muchísimos recursos, pero, su arrogancia sería su sentencia de muerte. Por muy lista y capaz que fuera, no podría jamás contra la enorme fuerza que Alioshka estaba reuniendo para apoyar el reclamo de su hijo.
Lo único que faltaba para terminar de allanar el terreno era sacar del camino a la policía. Con ellos fuera, las calles serían suyas y nadie podría impedir que su hijo cumpliera con su destino. La mujer se alejó pasillo abajo, taconeando orgullosamente mientras se acomodaba las gafas de sol con gesto elegante. Sus guardias (provistos por una muy dispuesta Ekaterina) se pusieron de pie y la siguieron de inmediato. Mientras se dirigían a la salida, no se dieron cuenta de que se cruzaban con un par de ojos grises e inteligentes que los observaron por un largo rato. Bucky esperó, medio escondido detrás de una columna, a que el pequeño grupo dejara el edificio y se dirigió nuevamente a la oficina de su padre.
George Barnes llevaba quince años trabajando como abogado consultor del comisionado de policía, protegido por su fachada de intachable servidor público. Desde ahí, se enteraba de cada movimiento y decisión y, así, se había convertido en el mejor informante de Alian Romanoff, ayudándolo a hacer florecer su negocio sin que nadie sospechara nunca de él. Ese hombre de apariencia sencilla y hablar pausado y elegante era la piedra clave del imperio de los Romanoff y su secreto mejor guardado. Bucky entró a la oficina y saludó con una sonrisa a la recepcionista, pasando por su lado para luego ingresar sin prisas al elegante despacho de George.
─ Hola, hijo─ saludó el patriarca de los Barnes y Bucky le sonrió, sentándose frente a su escritorio con una calma que estaba muy lejos de sentir─ ¿Qué te trae por aquí?
─ Venía a hablarte sobre un asunto de la universidad, pero, me temo que algo ha ocurrido y necesito que me prestes el teléfono seguro...─ pidió. George lo observó con el ceño fruncido, confuso.
─ ¿Qué pasa, James? ─ preguntó, repentinamente preocupado por la expresión en el rostro de su hijo.
─ Alioshka Melnik estaba aquí. Hablando con el comisionado y resguardada por hombres de Ekaterina Kuzmin─ le dijo y George comprendió de inmediato que aquello no era nada bueno.
─ ¿Estás seguro de eso? ─ preguntó, sintiendo en el pecho el peso de un presentimiento.
─ Muy seguro. ¿Me prestas tu teléfono? Tengo que hablar con Natasha... ─ pidió y el mayor asintió, sacando de un cajón de su escritorio una extensión de cable que conectó al de su oficina.