Capítulo XVIII

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Capítulo XVIII

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Capítulo XVIII

Tony arribó a la oficina con sendas sombras bajo los ojos, las que intentó ocultar sin mucho éxito bajo las gafas de aviador que eran su orgullo y herencia de su abuelo. Había pasado la noche en vela, con la mente perdida en ciertas elucubraciones que se negaba a creer como ciertas. La actitud retraída de Steve en los últimos meses había logrado encender su curiosidad y, como buen amigo y mentor, buscó encontrar (de la manera más discreta posible) la razón del cambio anímico del muchacho. Si bien lo había visto como una carga al inicio de su relación laboral y muchas veces lo irritaba su rigidez, debía reconocer que le había cogido cariño y que se preocupaba sinceramente por él. Fue así como averiguó que el muchacho había tenido una relación sentimental que, por alguna razón, terminó muy mal. Steve nunca habló de ella en la oficina y mucho menos se la presentó, pero, algunos agentes más jóvenes los habían visto juntos en bares y restaurantes de la ciudad.

Una de las secretarias dijo haberlo visto recogiendo a la muchacha fuera de la universidad y, gracias a ese dato, pudo dar con el nombre de la misteriosa rompecorazones. Natalia Alianovna Romanova rezaba el expediente que le dieron en la universidad y Tony comprobó el porqué del mal humor de Steve. Si a él lo hubiese dejado una muñeca como ésa, él también habría estado furioso. Pero, una ruptura amorosa no podía ser la única razón por la que Steve había cambiado de ese modo tan dramático. Es decir, también él había sufrido sus reveses amorosos y habían sido bastante dolorosos, especialmente aquellos que se dieron en su juventud. Pero, conociendo a su compañero, aquello no calzaba con su perfil... eso era más que un corazón roto y su instinto le gritaba que ahí había algo más.

─ Te ves cansado─ dijo una voz a su lado y una taza llena de glorioso café caliente apareció frente a él, llenando sus fosas nasales.

─ Oh, Peps, juro que podría casarme contigo...─ exclamó, cogiendo la taza de manos de la rubia y bebiendo un largo sorbo como si no le importara en absoluto que el líquido estuviese a punto de ebullición.

─ No digas tonterías. Se congelaría el infierno antes de que yo aceptara casarme contigo...─ respondió Pepper Potts, sentándose en su escritorio y echando una mirada discreta a los papeles que se hallaban desperdigados por sobre su escritorio─ ¿Dónde está tu compañero?

─ Es su día libre, ¿por qué? ─ preguntó el castaño, frunciendo el ceño.

─ Extraño ver su espalda desde mi escritorio. Me gusta ver como se tensa su camisa cuando escribe o cuando se inclina sobre algo─ respondió con toda la desfachatez del mundo. Tony pellizcó su muslo discretamente y ella lo pateó por debajo de la mesa, sonriente.

─ Eres una asaltacunas─ acusó Stark.

─ Y tú estás celoso─ afirmó, arrancándole un bufido al mayor. Pepper sólo amplió su sonrisa y se inclinó hacia él, dejando un beso sobre su cabeza─ Ahora, anciano cascarrabias, dime por qué no dormiste bien anoche... ¿acaso estás viéndote con otra?

Opposite AttractsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora