Capítulo 15: Un día de sol

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Isabela

Desde que Jordanny y yo nos contamos lo que pasó dentro y fuera del armario las cosas se han puesto un poco raras. Raras en el sentido de que ahora Jordanny no tiene tiempo para nada porque siempre tiene algo que hacer, Jayden a estado faltando después de nuestro encuentro en el armario y cada vez que estoy hablando con Jordanny y sale el tema de Carlos o de los chicos en plural ella cambia de tema o simplemente hace oídos sordos. En conclusión, esta semana no ha sido la mejor para mí.

Pero tampoco me debería quejar mucho porque tengo bastantes trabajos acumulados por hacer, tengo dos exámenes esta semana que creo que me sé bastante y todavía tenemos que hacer el dichoso proyecto en el que me tocó con Jayden y con la chica que me cae mal. Verónica.

Verónica nunca ha sido mala conmigo, pero siempre ha sido este tipo de chica que se pasa con los nenes del salón como si fuera el último día de su vida. Siempre los abraza y juega con ellos y los toca y AGHH. La odio. La odio porque es una de las amiguitas de Jayden. Sí, estoy celosa.

Ellos, o sea mi grupo para el proyecto, todavía no han puesto fecha para hacer el trabajo y ya me está empezando a dar estrés. Una de las razones por las que me gusta trabajar sola o con mis amigas es porque hacemos las cosas con tiempo o nos entendemos mejor y ya sabemos lo que cada una va a hacer. Con un grupo diferente es todo lo contrario porque no conoces muy bien a nadie y tampoco los quieres conocer (si eres como yo, claro). Y ellos no se acaban y se deciden de cuándo hacer el trabajo.

 Capaz son y vienen y se reúnen el día antes de entregarlo. Y si es así, van a ver mi faceta estresada

Hoy era sábado. Al fin un sábado. Me levanté a las 10:45 con ganas de quedarme en la cama todo el día. Revisé mi celular para ver mis notificaciones y para ver si mi escritora favorita había actualizado su libro en Wattpad y me levanté para ir al baño y lavarme la boca. Justo cuando salí del baño vi a mi papá sentado en el mueble de la sala viendo una serie de detectives.

- ¡Eyy! Se supone que la estábamos viendo juntos.  

-Ah, perdona es que está muy buena. - dijo sin despegar los ojos de la pantalla.

- ¿Por cuál capítulo vas?

-Por el 15.

-Pero ese ya lo vimos. -dije extrañada.

-De la tercera temporada. – admitió.

- ¿Es-en-se-rio? ¡Papá!

- ¡Ya te lo dije, perdón! Pero no es mi culpa que tú te quedes todo el día durmiendo y leyendo. – dijo levantando las manos en señal de rendición.

-No me tientes, no me tienes…- le dije señalándolo con una cuchara llena de mermelada.

Él se empezó a reír por lo bajo de mí, ya que ¿a quién le voy a dar miedo con esta pinta que tengo?

Así éramos mi papá y yo. Siempre discutíamos por quién llegaba primero a un lugar o nos pasábamos criticando a los actores de las películas o series. No era tan alto, ya mismo le iba a pasar, tenía el pelo canoso y la nariz igual de ganchuda que la mía. Le gustaba siempre andar en pantalones de baloncesto, aunque hace años que no jugara y en una camisilla blanca, era un hombre tranquilo. Solía dejarle las tareas de castigos y regaños a mi mamá, pero eso no significaba que no nos regañara.

- ¿Dónde está mamá?

-Está en el supermercado. Fue a comprar unos snacks porque tiene ganas de ir a la playa hoy. – me contestó él sin despegar la mirada del televisor.

-!!Yes!! -  hice un mini bailecito en la cocina y me fui director a mi habitación.

- ¡¿No ibas a desayunar?!

-Neeh, se me quitaron las ganas. – le dije muy contenta, una de las cosas que más me gustaban era la playa.

-Los jóvenes de hoy en día… – dijo rodando los ojos, y acto seguido cerré la puerta para ponerme mi traje de baño.

                            ●●●

-Bueno llegamos. Isabela ayúdame a bajar la bolsa de hielo por favor. – dijo mi madre.

Ella era más alta que mi papá, era una mujer llenita y con el pelo pintado de marrón oscuro casi negro. No usaba espejuelos a diferencia de mi padre y le gustaba, igual que a mí, la playa.

-Okey, ya voy. – le respondí sacando mi celular para sacar una foto al hermoso mar para ponerla en uno de mis estados.

Luego de haber puesto las sillas y la pequeña sombrilla en el piso me quité las chancletas y toqué la arena. Era tan satisfactorio enterrar mis dedos en ella y mover los dedos para sacarla de encima de mis pies. Dejé mi celular en uno de los bolsillos del bulto que traje con mi ropa seca y me quité el camisón que tenía encima del traje de baño.

El traje que tenía era uno sencillo, pero me gustaba. Era un traje de baño completo de una sola pieza con un estampado de rayas horizontales en blanco y negro con un escote en forma de V y un pantalón de playa negro con unos diseños abstractos pequeños en el lado izquierdo de la parte inferior.

Después de haber dejado todas mis pertenencias en un lugar seguro y de haberme puesto el bloqueador solar en todas las partes que iba a exponer me lancé y caminé a paso rápido hacia el agua.

Cuando me lancé, una ola de agua fría me recibió y casi me llevó hasta donde estaban mis padres sentados. Después de haber peleado con las olas un rato y de haberme acostumbrado al agua fría en mi estomago decidí bajarme por completo al agua para mojarme de una vez.  

-Okey Isabela, solo es agua. Agua muy muy fría. Pero eso no es nada, no te va a hacer nada. Solo métete de una vez… Está muy fría.

Tras un largo debate contra mi misma decidí lanzarme de una vez por todas.

-AAHH… Ah, no está tan fría.

Empecé a nadar en forma de perrito para un lado y el otro divertida, una de las cosas que nunca había aprendido a hacer era nadar. Cuando me cansé de estar de un sitio a otro me detuve para ver a las personas que estaban en la arena.

Había familias con sus hijos, grupos de mujeres riendo en sus sillas de playas, adolescentes jugando voleibol y niños pequeños reunidos en la orilla haciendo castillos de arena. Cuando desvié la mirada hacia la zona del mar donde yo estaba, había grupos de hombre mayores hablando con cervezas en las manos, niños un poco más grandes jugando a atraparse y parejas de jóvenes y ancianos abrazándose y dándose caricias. Había una pareja de ancianos en especial que me conmovió, estaban bailando en el agua abrazados al ritmo de una canción de fondo que se escuchaba por una bocina lejana, se veían muy lindos.

Cansada de mirar a esas parejas me recosté en el agua, extendí mis brazos y piernas y empecé a flotar. Tenía que controlar mi respiración si no quería que el agua se me metiera por la nariz, así que cerré los ojos y dejé que el agua me tapara los oídos.

Solo podía escuchar las olas y la tranquilidad. Sentía el sol quemándome la cara y el cuerpo, pero me gustó. Me encantaba esta satisfacción de flotar en la nada. De cerrar los ojos por un momento y no pensar en nada, solo estar ahí. Pero una nube de pensamientos me interrumpió.

¿Alguna vez seré como esas parejas jóvenes? ¿Llegaré a bailar de anciana en el mar con el amor de mi vida? ¿Encontraré al amor de mi vida?

Esos y muchos pensamientos más me inundaron, pero con la misma velocidad que llegaron, se disiparon.

Destino InesperadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora